Echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros. (1ra Pedro 5:7)

Siendo aun una niña, aprendí este versículo de memoria, pero no lo podía entender, hasta que un día ocurrió algo que me hizo entenderlo a plenitud.

Nací en un hogar cristiano.  Mi padre nos levantaba muy temprano antes de partir a la escuela, para celebrar el “Altar Familiar” (esto es un tiempo de cantos, lectura de la Biblia y oración en familia).  Mi padre trabajaba carpintería, y de su trabajo nos sostenía (somos 5 hermanos). 

Nunca me percaté de que en mi casa faltara comida.  Pero ese día fue muy diferente.  Solo mi padre sabía lo que estaba pasando, y me imagino su preocupación pero no lo manifestaba.  Estoy segura que estaba confiando en el Señor y esperando en El.

Cuando terminó el Altar Familiar, justo cuando nos estábamos levantando de nuestras sillas, se oyó un toque en la puerta. ¡Qué extraño! dijimos todos, ¿quién podrá ser a esta hora? pues eran las 6:30 de la mañana. Se trataba de un señor que hacía más de dos años había tomado prestado a mi padre una suma de dinero, y nunca mas había vuelto. Mi padre pensó que este hombre había desaparecido para no pagarle lo que había tomado prestado, así que olvidó esto y lo dio como perdido.

Este señor, con lágrimas en sus ojos, pidió perdón a mi padre, y le explicó que había desaparecido por la vergüenza de no poder pagarle el dinero que le había tomado prestado, pero que al fin, lo había conseguido, y no podía esperar a que subiera el día para traerle ese dinero que le debía.

Mi padre nos explicó que el Señor había contestado su oración, pues en la casa no teníamos nada para comer ese día, ni dinero para comprar alimento,  pero que él sabía que el Señor no nos faltaría y enviaría alimento de donde fuera, porque él tenía cuidado de nosotros.

¿Quién había enviado a ese señor a mi casa, ese día, a esa hora, y justo con lo que necesitábamos para comer?  Es el mismo Dios de Elías, a quien le enviaba cuervos para llevarle la comida. De igual manera envió los cuervos a mi casa para llevar la comida, no solo de ese día, sino de varios días. ¿Que el Señor no hace milagros hoy en día?  Claro que los hace, cada día hace milagros en nuestras vidas. Solo, ponte a observarlo y lo verás. “Porque el Señor es el mismo hoy, ayer y por los siglos”. (Hebreos 13:8)

Ese día lloramos, nos reímos, dimos gracias al Señor con todo nuestro corazón porque él tiene cuidado de nosotros. Ese día entendí plenamente la exhortación del Apóstol Pedro: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él,  porque él tiene cuidado de vosotros”.

¿Si tiene ese cuidado conmigo y mi familia, no lo tendrá contigo también?  Solo entrega tu vida a  él y descansa confiando plenamente en que él suplirá en tu momento de necesidad, no importa cuál sea.

Oración: Padre gracias, porque Tu fidelidad es grande. Gracias por honrar Tus promesas. Ciertamente si Tú cuidas de las aves, cuidarás también de mí. En el nombre de Jesús, Amén.

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