Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,.. (Marcos 3:13-14)

La primera y más grande responsabilidad del creyente es ocuparse de Dios. Al ocuparnos de Dios, nos ocupamos de nuestra vida espiritual. Hacemos mucho daño a los demás cuando no cultivamos apropiadamente el carácter de Dios en nosotras, mediante una vida espiritual viva, piadosa y eficaz.

En el proceso de ganar almas la primera que debe ser llevada cautiva a la presencia y obediencia de Cristo es la nuestra. La instrucción es que guardemos; obedezcamos y hagamos todas las cosas que él nos ha mandado (Mt 28:20).

Sin una formación adecuada que cultive una comunión intima con Dios, habrá poca diferencia entre nosotras y el mundo, lo cual es un GRAVE problema para el cuerpo de Cristo, de modo que:

          I.                     El llamado de Cristo a sus discípulos tiene urgencia (Mt4:20). La respuesta de ellos fue inmediata, afirmativa y obediente. Su deseo es que nosotras respondamos igual.

          II.                   El llamado de Jesús demanda renuncia y un cambio radical de vida (Mt 10:37-39). Estimar de más valor seguir a Cristo, resultará en una redefinición y re-programación de las prioridades de  nuestras vidas para que no interfieran con los propósitos y el tiempo del Señor.

          III.                 El llamado de Jesús demanda determinación (Gal 1:15-24). Es renunciar a nuestro modo de vida para abrazar otra totalmente diferente y quizás desconocida (Lc. 9:62).

          IV.                  El llamado de Cristo demanda separación. Esto puede implicar dejar nuestra   familia, nuestro entorno y nuestra zona de confort (Gn 12:1, Mt 10:37). Jesús desea romper todo vínculo de dependencia y seguridad que no provengan enteramente de Él. Pero muy especialmente, separación demanda dejar el mundo, tal y como nos exhorta Pedro en 1 Ped 2:11-12. Finalmente,

          V.                   El llamado de Cristo demanda consagración. Para que la consagración exista, tienen que darse los 4 elementos anteriores. De lo contrario tendremos estorbo, distracción e inconstancia en toda nuestra vida cristiana.

Hermanas, cuan enriquecedores fueron los años que los 12 pasaron con Jesús. Su formación y su tiempo con él “fueron claves” para su vida espiritual, y el desarrollo del ministerio que Jesús luego les encargó. Todos recibieron su llamado particular, y cada uno respondió de manera acorde.

¿Has escuchado tú Su llamado? ¿Qué le responderás? El evangelio necesita urgentemente de Maestras del Bien para bendición de la sociedad y la gloria de Dios. ¡Enlístate!

Oración: Señor bendito, perdóname por vivir entretenida en mi propio mundo. Respondo al llamado y como María pasaré más tiempo a Tus pies, para así ser efectiva en la tarea que Tú me has encomendado como Maestra del Bien. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Yo Me Rindo A Él, JAR – http://www.youtube.com/watch?v=1D_q8XpAQBk&feature=related

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