¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna. (Salmos 133)

El Salmo 133 al igual que el 23, en realidad es un solo versículo, porque los demás versos sirven de explicación y ampliación del primero.

El Salmo 133 trata sobre la importancia de la relación cristiana. En ella:

  • La unidad es producida por el Espíritu Santo y
  • La comunión es enriquecida por la disposición de los hermanos a vivir juntos en armonía.

Mientras la unidad es una actividad del Espíritu Santo, la comunión en cambio, es la actividad de los creyentes. A tal efecto, la comunión entre los hermanos puede romperse, pero la unidad no. Estamos unidas en el vínculo perfecto y sobrenatural del Espíritu Santo, que garantiza la unidad y preservación del pueblo de Dios “en un cuerpo”.

Por la habitación del Espíritu Santo en los creyentes al momento de recibir a Cristo como su Salvador, se produce el bautismo, unidad o sumersión de cada alma salvada en el Cuerpo de Cristo (1 Cor 12:13, Efe 2:18). Así, nuestra unidad gracias al Espíritu Santo es indivisible.

La comunión en cambio, es el ejercicio, vivencia y/o exteriorización de la unidad efectuada por el Espíritu de manera práctica y visible entre los creyentes. Esta ha de ser dulce. Por esto Efesios 4:2 nos exhorta: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;..

Debemos guardar solícitamente la manifestación de la unidad del Espíritu mediante nuestra comunión unas con otras en un ambiente de paz. Urge, compete y es responsabilidad nuestra, la de cultivar, mantener y mostrar al mundo la unidad que tenemos en Cristo por medio de la comunión que tenemos unas con otras.

Esa relación debe mostrar la eficacia y riquezas de la unidad del Espíritu tal como lo exhibieron los hermanos que describe Hch 2:41-47 y que Juan 13:35 confirma: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Finalmente, la comparación del Salmo 133:3 con Hechos 2:47 nos confirma el resultado de la comunión entre los hermanos: “Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna” (133:3b) cf.“Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch 2:47b).

Podemos concluir entonces con el primer versículo del Salmo 133: ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Sí, allí envía Jehová, bendición y vida eterna.

¿Qué posición tomarás tú en el ejercicio y preservación de la comunión en tu congregación?