“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Salmos 139:23)

Al leer este texto bíblico, mi primera reacción fue preguntarme para qué el salmista hacía esta petición. No tenía sentido para mí, pues lo que Dios encontraría en su corazón era obvio: pecado. Luego de meditar un poco más, el Espíritu Santo abrió mis ojos y me ayudó a entender mejor.

Estas palabras emanaban de un alma rendida a los pies del Señor con un sincero y ferviente anhelo por agradarle.

Sólo puede dirigirse al Redentor con tal transparencia alguien que ha propuesto llenar su corazón con la Palabra de Dios (Sal.40:8) y dirigir sus pensamientos hacia la obediencia a Sus mandatos.

Aparentemente este adorador ya había dedicado un período de tiempo ejercitándose en degustar la Palabra, así como en limpiar su mente de todo aquello que le pudiera contaminar. ¡Había llegado el momento de un examen general! ¿Quién mejor que el santísimo Dios para evaluar su condición?

No tengas temor de ser evaluado por el Señor, aún los resultados sean desastrosos. Apela a la misericordia de Dios para que tome tu mano y te guíe por donde debes andar (v.24). Verás cómo en cada examen irás mejorando tu condición espiritual.

Oración: Fiel Salvador, examina mi corazón hoy y guía mis pasos por la senda correcta para que en un siguiente examen puedas hallarlo agradable delante de Ti. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Es Por Tu Gracia, JAR – http://www.youtube.com/watch?v=VqwO7bTt32Q