El diccionario define a un príncipe como: “Hijo primogénito del rey y heredero de la corona”.  El Niño de Belén, el Salvador del mundo, Dios hecho hombre, representa muy bien esta definición. En esta última entrega de nuestro Selah navideño quería cerrar con el resto de los versículos que acompañan el original de nuestra entrega:

Isaías 9:7 – Se extenderán su soberanía y su paz, y no tendrán fin. Gobernará sobre el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud
desde ahora y para siempre.  Esto lo llevará a cabo el celo del Señor  Todopoderoso.

El gran anhelo de todo buen gobernante es mantener un gobierno en paz. Se firman tratados y pactos, se pregonan y se promulgan edictos, pero  humanamente ha sido imposible llevar a cabo semejante tarea.  Es también la búsqueda de paz interior que impulsa a cada ser humano a tratar nuevas experiencias y practicas religiosas, sin éxito alguno. Nos encontramos envueltos en una sociedad en constante ebullición, movimiento y afán… Pero… ¿¿paz?? ¡¡En ningún lugar!!

El Niño de Belén siendo hijo del Dios Todopoderoso, rindiendo todos sus derechos reales y celestiales ha venido justamente a dejarnos Su paz. El hecho de que no sintamos la misma o no la veamos actuar en el mundo de hoy no quiere decir que su trabajo como Príncipe de Paz anunciado en esta profecía ha sido fallido.

Hay condiciones que cumplir para lograrla:

Fil 4: 6-7 – No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

En estos tiempos navideños, tenemos la tendencia a olvidar el verdadero sentido de la celebración. Anhelamos tener cada vez mas, y nos quejamos por aquello que no tenemos sacrificando lo esencial: Una vida de gratitud a nuestro Dios.

En efecto tenemos la promesa de aquel Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz, pero tenemos la gran responsabilidad de vivir como El nos manda, y de hacer como El nos manda.

Que en estas navidades y el nuevo año que se aproxima sea tu meta vivir en eterna gratitud hacia Aquél que en forma de un pequeno niño nos fue dado miles de años atrás y que promete estar con nosotras “todos los días, hasta el fin del mundo”.

¡FELIZ NAVIDAD!   Selah

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