“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien” (Salmos 139:13-14).

¡Hoy quiero despertarte a la comprensión de una verdad maravillosa!

Sí, algo así como aquel mandamiento del amor; nuevo pero viejo, que dice: “Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra” (1 Juan 2:7-8).

¿Cuántas veces has escuchado que Dios nos salvó porque no valíamos la pena? Sabes… el Salmista David afirma todo lo contrario. El dice: “…; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;..” 

Amadas, este pasaje nos enseña no solo que Dios nos hizo, que de por si es tremendo, sino que además como resultado, ¡somos una obra formidable y maravillosa!

Cuando Dios creó el mundo afirmó que todo era bueno “en gran manera”, y lo dijo acabada la obra de la creación la cual completó con la creación de la raza humana, y muy en especial acabada su creación de la mujer. Esto es consistente con una obra “formidable y maravillosa”. Tenía que serlo, pues nos hizo la mano de Dios (Salmos 139:13); somos Su imágen y semejanza (Génesis 1:27).

Sufrimos daños y pérdidas por causa de nuestro pecado en el Edén y la perpetuación de él, pero Dios que comenzó en nosotras la buena obra (Filipenses 1:6), está corrigiendo esos daños para restaurarnos completamente a la belleza y pureza de nuestro estado y diseño original.

De modo que… El nos salvó, no porque no valíamos la pena, sino… porque ¡valía la pena salvarnos! ¡Aleluya!

Sí, y tanto valíamos la pena, “que fuimos rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo,..” (1 Pedro 1:18-19). ¿No es esto formidable y maravilloso?

Conclusión…  Dios jamás ha creado algo sin valor. Tú eres una “buena obra” que hizo Dios; una obra formidable y maravillosa que él rescató cuando la mancha del pecado nos marchitó. Y vales tanto que ¡pagó con Su propia vida!

Oración: Señor, gracias por este versículo viejo pero nuevo. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son Tus obras; estoy maravillada, y mi alma lo sabe muy bien. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Mi Cristo Vive, DBerríos – http://www.youtube.com/watch?v=ztfLiJZLlIU

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