Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda maledicencia,  y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,  ya que habéis gustado la bondad del Señor” (1Pedro 2:1-2).

¿Con que hemos estado llenando nuestro corazón? ¿Con que hemos sustituído el alimento espiritual?

Satanás en todos los tiempos ha puesto distracciones para evitar que por medio de la Palabra de Dios nos conectemos con nuestro Padre y seamos transformadas por el poder de Su Palabra.

¿Ha llenado Satanás nuestro interior con malicia, engaño, hipocresía, envidias y toda maledicencia? ¿Nos hemos embriagado con el vino de las murmuraciones, envidias, rencores, odios, enojos, sensualidad, adulterio e insensatez?

El corazón es engañoso, “más que todas las cosas” y se enorgullece de gloria, vanas hazañas, benevolencia, fingida generosidad, religiosidad y de una falsa santidad y comunión con Dios. La Biblia, es el único espejo donde podremos ver la verdadera condición de nuestro corazón.

La constante exposición a la Palabra de Dios tiene un increíble poder no solo para limpiarnos, restaurarnos y transformarnos, sino que es capaz de traer un gozo profundo y un deseo ferviente de estar cada vez más en la presencia de Jehová para escucharle, obedecerle y honrarle.

Es hora de vaciar nuestros corazones de todas esas inmundicias. Es hora de abandonar todo lo que apaga nuestro corazón. Si no tenemos deleite por la Palabra nuestro corazón está apagado.

Estamos llamadas a tener UN CORAZON ENCENDIDO para Dios, del que emane fuego de Su presencia y anhele adoración y alabanza para El.

Oración: Limpia mi corazón, Señor. Enciende mi corazón con Tu Palabra y lléname de Tu Presencia. En el nombre de Jesús. Amén.

Alabanza Sugerida: Seguirte, En Tu Presencia – http://www.youtube.com/watch?v=x3Yx6G3et28