Ya no me llamen Noemí repuso ella. Llámenme Mara, porque el Todopoderoso ha colmado mi vida de amargura. (Rut 1:20)

Noemí se encuentra desolada. Había perdido a su esposo, a sus hijos, y estaba en una tierra extraña. En su amargura, no percibe las bendiciones de Dios y dice: no me llamen mas Noemí, que quiere decir delicia, llámenme Mara que quiere decir Amargura.

Sabemos que nada viene a nuestras vidas solo porque sí, y que el enemigo de nuestras almas está detrás de todo porque la voluntad de Dios para nuestra vida es buena, agradable y perfecta.

Respecto de la vida personal de Noemí no sabemos qué había en su corazón como para que su fe haya sido probada. No podemos decir que era por causa de algo negativo como se enseña hoy en día, que si estamos “mal” es porque algo anda mal en nosotras; algo no hemos hecho, o hay un pecado por ahí escondido. Sino que hemos aprendido que el Eterno muchas veces permite pruebas duras para probarnos a nosotras mismas de qué estamos hechas, como en el caso de Job;  hombre justo quien fue puesto delante de Satanás para probar que el hombre estaba dispuesto a amar al Eterno no solo por lo que recibía sino por quien El es.

Hermanas, ¿que efecto nos hacen los problemas? Dios permite las situaciones difíciles para ver que veamos el calibre de nuestra fe y para templar nuestro carácter en medio de ellas. A menudo cuando estamos en un problema no pensamos en los demás, sino sólo en nosotras. Los ojos miran hacia dentro en vez de hacia afuera. Y no hay nada que destruya más, que el concentrarnos en nuestra propia amargura.

De repente, Noemí empieza a salir de su dificultad y le dice a Rut: “oye yo tengo que hacer algo por ti”. Al empezar a ver la necesidad del otro entonces nuestra tristeza y lamento disminuyen.  

Dios había permitido que Ruth dijera: “no me ruegues que te deje”, proveyendo para Noemí de alguien que se ocuparía de ella, y le acompañaría. Noemí  pasó de la amargura a una mayor bendición: Ser mencionada en la Biblia por causa de aquella ayuda que le dio a Rut, la cual resultó en el nacimiento de David, linaje del cual procedió nuestro Señor Jesucristo.

Hermanas, el enemigo es especialista en mantenernos atadas al llenar nuestras vidas de amargura. En tiempos de crisis hay que escuchar y confiar en el Señor. 

Oración: Padre ayúdanos a ver Tus bendiciones. Gracias por sacar nuestra alma del pozo de la desesperación y poner nuestros pies sobre la roca inconmovible. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: ¿Cómo Podré Estar Triste? BLEST – http://www.youtube.com/watch?v=haHM688Jc0Q