Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46)

La crucifixión de Jesús fue un espectáculo para el mundo. Fue clavado en un madero en un lugar prominente en las afuera del muro de la ciudad que podía verse de lejos, y sobre su cabeza un título escrito en griego, latín y hebreo que decía “Rey de los Judíos”. ¡Que escarnio!

Sufrir por causa propia es en sí duro, pero padecer por cuenta de otro (s) en estado de completa inocencia, no tiene nombre. Lejos de lo que el común estimamos como la pasión de Jesús; los golpes, azotes, burla, escarnio, etc. existían otros motivos de mayor peso que eran la causa del dolor y la verdadera Vía Dolorosa de Jesús:

  1. La angustia de tener que enfrentarse a la muerte
  2. El dolor por la traición de uno de sus discípulos
  3. La soledad por el abandono de sus seguidores
  4. La mancha del pecado sobre su vida santa
  5. La separación de su Padre por causa del pecado del mundo

Jesús soportó todo lo que le hizo el hombre. Isaías 53:7 (NVI) dice que: Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca. Pero “cuando Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”  (Isaías 53:6 – RVR60); cuando la justicia de Dios por nuestros pecados recayó sobre él… ahí sí abrió su boca y exclamó: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mt 27:46). Jesús no pudo soportar la justicia y separación de su Padre.

Muchas son las aflicciones que atravesamos día a día, mas cuando sufrimos:

  1. La disciplina de Dios por un pecado
  2. La traición del cónyuge o una amiga querida
  3. El abandono de nuestros familiares
  4. La vergüenza de algún pecado
  5. La separación de seres amados

Entonces conocemos en carne propia, la vía dolorosa.

Oración: Padre, aunque los hombres no le hubieran hecho nada a Jesús, igual sufriría la Vía Dolorosa por cuanto su vida santa e inmaculada fue manchada por mis pecados. Pero gracias sean dadas a Tí por haberlo sujetado a padecimiento, y a él, porque por Su sacrificio hoy tenemos redención y vida eterna. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza Sugerida: En La Cruz, GEspinoza – http://www.youtube.com/watch?v=l0WRHdy2mWY

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