Mical, la otra hija de Saúl, se enamoró de David. Cuando se lo dijeron a Saúl, le agradó la noticia  y pensó: “Se la entregaré a él, como una trampa para que caiga en manos de los filisteos” (1 Samuel 18:20-21).

La joven Mical tenía todo a su disposición. Siendo la hija menor del Rey Saul, pudiera haber sido la niña mimada que poseía todo lo que una joven de su época pudiera desear: Un séquito de sirvientas a su disposición, una gran habitación, un baño privado, su propia estilista, vestidos a la última moda, y todo lo que pudiésemos imagina. ¡Sí! ¡Definitivamente, era una buena vida aquella la de vivir en Palacio en una situación privilegiada!

Al parecer para completar su dicha, la joven Mical tambien logró conseguir casarse con el “amor de su vida”: aquel valiente joven llamado David.  ¡Ah, que románticoooo!  Imagino que suspiraba la joven al recibir la noticia. Sin duda alguna, ¡su sueño de conquistar el corazón de aquel valiente guerrero se había convertido en realidad! ¡Que buena vida aquella la de la hija de un Rey!!  Lo que la joven nunca pudo imaginarse es que su padre tenía otros planes detrás de aquella acción: Usarla como señuelo para intentar la muerte de su esposo.

Nosotras, por el contrario somos hijas del Rey de Reyes y Señor de Señores, y tenemos desde ya aseguradas en la eternidad mansiones celestes y todo a nuestra disposición.  Muy a diferencia de los planes que tenía Saúl para con su hija, los planes que nuestro Padre tiene con nosotros, son “planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darnos un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11).

Confiemos pues que todo lo que acontece en nuestra vida forma parte de aquella gran madeja de eventos que nos servirán como bendición y enriquecimiento al final, aunque no tengan sentido alguno para nosotros en el presente.  Nuestro Padre Amante no deseará para nosotras algo que nos perjudique ni que sirva para alimentar deseos caprichosos particulares.  En su naturaleza El es Bueno, y es por eso que “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).¡De eso El nos da garantía eterna!

Oración: Señor, ayúdanos a no olvidar el gran beneficio que tenemos de ser Tus hijas, creadas a Tu imagen y semejanza con planes eternos para nuestro bien. ¡Gracias Padre por este gran privilegio!  En el nombre de Jesús. Amén.

Alabanza Sugerida: Se Desbaratan Mis Sueños, JAR – http://www.youtube.com/watch?v=AfoF3Kn2WpU