Aconteció que yendo de camino, entró (Jesús) en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. (Lucas 10:38)

¡Qué alegría cuando nuestras amistades y familiares nos visitan! Marta estaría felíz. En mi caso particular, mi casa es la embajada de todos mis hermanos en la fe y sus recomendados. Cada vez que viajan, saben que a su paso o visita en Miami, tienen que quedarse unos días conmigo. Así estrechamos nuestros lazos de amor, amistad y comunión. La verdad es que me honran y salgo altamente bendecida con sus visitas, pues como dice la Biblia “… algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Heb 13:2), y yo me he tomado ese versículo MUY en serio. Compartir en la intimidad del hogar ¡es una experiencia sin igual!

Dado que la visita de mi familia cristiana es tan importante para mí, me percato de hacer los arreglos necesarios de antemano para dedicarles ininterrumpidamente todo mi tiempo, servicio y atención. A tal causa acostumbro a esperarles con una suculenta comida preparada con anticipación para evitar distracciones, ni perderme un minuto de su compañía. Si es una visita inadvertida, prefiero llevarles a comer a restaurantes que perder el tiempo cocinando privándome de su plácida compañía. Al final de cuentas, solo estarán conmigo de unos días a dos semanas.

Finalmente, cuando tengo visitas, mis actividades felizmente son puestas en espera para darles prioridad a ellos. Al hacerlo demuestro lo importante que son para mí, y cuanto les amo. Seguramente no recordarán de qué color son mis muebles, pero siempre tendrán presente el amor y tiempo de calidad que les dediqué. Es mi mayor regalo; después de todo, la mas bendecida de nuestros encuentros soy yo, porque salgo ministrada por ellos.

A menudo como Marta, ignoramos a las personas que tenemos mas cerca con la excusa de las obligaciones o que trabajamos para ellos, y perdemos la bendición de su comunión, absortas en programas y actividades. Los hijos crecen, el cónyuge se va con otra, los padres envejecen y nuestras amistades se cansan. Al final y a veces tarde, nos damos cuenta que todo lo que hicimos careció de valor, pues solo querían tiempo con nosotras. Como Marta estamos mas interesadas en nosotras mismas y lucirnos en nuestra labor, que pasar tiempo con nuestros amados. Así corremos el riesgo de captar el ojo del hombre en lugar del corazón de Jesús.

Amadas, la clave de una buena anfitriona y el servicio en la obra del Señor, es la atención personal. En medio de una sociedad automatizada, fría y distante, el calor del toque personal es indispensable. ¡Disfrutemos a las personas. Eso da color y sabor a la vida, y alegra el corazón de Dios!

Oración: Amado Señor, ayúdame a valorar y amar mas a las personas que los afanes. Que pueda disfrutar su presencia y crecer mediante el intercambio personal. Gracias por enviar Tus mensajeros. Que pueda yo también ser el ángel de compañía de otros. En el nombre de Jesús, Amén. 

Alabanza Sugerida: Mi Anhelo, JMurrell, – http://www.youtube.com/watch?v=-c58FV5n1A0