Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano (2 Samuel 13:20c).

Tamar, hija del rey David, era una virgen hermosa. Era hermana de Absalón y la madre de ambos fue Maaca.

Esta delicada princesa fue criada con mucho esmero y bien educada, de tal manera que sabía discernir entre el bien y el mal. Había aprendido todo lo que una mujer necesita para ser una hacendosa y fiel esposa en un futuro. Sus padres sólo esperaban que llegara ese caballero que mereciera la mano de su virtuosa y educada princesa.

Pero la tragedia llegó a esta familia. Aún más doloroso fue que la maldad viniera de un familiar tan cercano, su hermano de padre Amnón (primogénito del rey David). Quien, engañando a toda la familia, se aprovechó de su cercanía y violó a su hermana Tamar, para luego aborrecerla y arrojarla a la calle a su suerte (1 Sam 13:14,17).

¡Cuán difícil situación! ¡Qué grande tribulación para ella y sus padres! Esta joven virgen con un brillante futuro por delante, observa con profunda decepción cómo su mundo se desmorona y sus sueños se desvanecen.

Lamentablemente Tamar no sólo se resignó a vivir desconsolada por su tragedia (v.20c), transmitió su pesar a su hermano Absalón, quien recurrió al odio y la venganza para hacer justicia por su propia mano.

Esta hija del rey del cual Dios dice que tiene un corazón conforme al de Él, no supo llevar su causa al Juez Justo, el Dios de los cielos. ¿Qué final hubiese tenido esta historia si Tamar se hubiese refugiado en Dios? De este Dios nos dice el Salmo 147:3 “Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas“. No existe herida tan profunda que el fiel Redentor no pueda sanar.

No te quedes en el suelo llorando tu tragedia. ¡Levántate! Y entrega tu dolor a Aquel que padeció toda clase de males para poder compadecerse de nosotras, nuestro amante Salvador Jesucristo. Él sanará tu herida, te restaurará y le dará un final maravilloso a tu historia.

Oración: Precioso Salvador, dame las fuerzas para levantarme del suelo a pesar de lo profundo de mi herida. Te entrego mi tragedia, transfórmala en un motivo de gozo para mí y de alabanza a Tu nombre. Me refugio en Tí. En el nombre de Jesús. Amén.

Alabanza Sugerida: Paz en la Tormenta – http://www.youtube.com/watch?v=V5EU3_B0fAs