Y ella le respondió: No hay razón; mayor mal es este de arrojarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír.” (2 Samuel 13:16)

Sin dudas, el escenario no era nada favorable para una tierna jovencita. Era su hermano mayor quien la forzaba a tener sexo. Él había mandado a sacar a toda la gente de la casa. Tamar se encontraba indefensa y vulnerable ante alguien que la superaba en fuerza física, poder y autoridad. ¿Qué podía hacer esta inocente criatura?

Tamar no se resignó ni bajó los brazos sin luchar. Hizo uso de lo que estaba a su alcance: su sabiduría de mujer. Recurrió al razonamiento y la palabra sagaz. Intentó hacerlo recapacitar y medir las consecuencias de sus actos (2 Sam 13:12, 13, 16).

En un tiempo donde la opinión de una mujer no era valorada ni tomada en cuenta, ella fue valiente y alzó la voz. Enfrentó a su atacante durante y después de la agresión, haciéndole ver que él tenía la opción de no cometer tal vileza. Viéndose vejada, esta doncella de muy corta edad denunció con valentía los atropellos de que había sido víctima.

Tristemente, este hombre al parecer había sido tomado por el maligno y no entraba en razón. Su juicio estaba nublado. Peor de como Tamar se lo había advertido, Amnón encontró la muerte como consecuencia de su atrocidad.

Amadas, Dios nos ha dotado como mujeres (sin importar la edad) de una sagacidad impresionante. Tenemos ese don de usar las palabras para transformar situaciones. No nos quedemos calladas, aprendamos a utilizar con sabiduría las herramientas con las que el Creador nos ha equipado (1 Cor12:8). Cuidémonos de caer en la descripción de Proverbios 11:22 Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa y apartada de razón”.

Como Maestras del Bien, tengamos la valentía de alzar la voz y denunciar aquellos actos que son pecaminosos. Llamemos al pecado por su nombre, sin querer maquillarlo para no ofender.  Pero también seamos sagaces usando las palabras como instrumento de defensa y dejando de recurrir a la violencia para resolver conflictos con nuestros padres, hijos/as, hermanos/as, pastores, líderes, amigos/as, vecinos/as, compañeros/as de trabajo o estudios. Como nos recomienda Pablo, “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Col 4:6).

Oración: Dios de sabiduría, usa mis labios para llevar siempre una palabra sabia, que con ella pueda denunciar el pecado con valentía pero también sagazmente construir relaciones sólidas y duraderas. En el nombre de Jesús. Amén.

Alabanza Sugerida: Soy Valiente y Esforzada, MGándara – http://www.youtube.com/watch?v=QuUABMNiDaw