“Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23)

La Mujer del Flujo de Sangre creyó que Jesús tenía el poder de sanarla, pero no fue un hecho aislado ni algo que se dio por el destino, sino que ocurrieron varias cosas para que este hermoso milagro sucediera:

ESCUCHO EL MENSAJE

El primer paso de la mujer del flujo de sangre consistió en escuchar el mensaje de Cristo; “oyó hablar de Jesús” (Marcos 5:25). Y ciertamente, cuando uno oye el mensaje divino de poder, tarde o temprano, se acerca a este río hasta su­mergirse finalmente en él. Aquel mensaje del Ver­bo de Dios hizo nacer en ella la fe necesaria para recibir su sanidad, porque, como bien dice la Palabra del Señor: “la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

VINO A JESUS

Aquella mujer enferma puso su confianza en los hombres y en el poder de la ciencia, pero ambos la decepcionaron. Sin embar­go, aquel día glorioso decidió venir a la única persona que era indicada: Jesús.

TUVO FE

La mujer del flujo de sangre tenía fe, y ella no pen­só: “Veré si por casualidad, al tocar su manto seré sana, ni tampoco“si toco el manto, quizá me sanaré”. La afir­mación que hizo en lo más profundo de su corazón, no admitía ningún fracaso en su tentativa: “Si tocare sola­mente su manto, seré salva” (Marcos 5:21).

Según las Sagradas Escrituras, la fe consiste en “la cer­teza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1), y ciertamente, aquella mujer valiente iba convencida y segura a buscar su bendición.

LE DIJO AL SEÑOR TODA LA VERDAD

Cuando Cristo preguntó quién había tocado Sus vestidos, El no estaba preguntado quién entre la multitud lo había apretado o quién había tocado su manto sin querer; sino quién era la persona que lo había hecho con fe. Por cuanto Jesucristo conoció “en sí mismo el poder que había salido de él” (Marcos 5:30).

La mujer que había sido sanada se acercó con temor y tem­blor, “y le dijo toda la verdad” (Marcos 5:33). ¡Qué frase tan her­mosa! Y es que también nosotras necesitamos, por encima de cualquier otra cosa, confesarle a Dios toda la verdad en lo que nos concierne.

La historia de la mujer del flujo de sangre nos enseña grandes lecciones: nosotras como Maestras del Biendebemos de ayudar a otros a escuchar el mensaje de Cristo; cuando tengamos problemas que nos acerquemos sólo a Jesús; que la fe sea el motor de nuestras vidas, y por último que siempre le digamos a El toda la verdad aun en las más terribles circunstancias.

Oración: Gracias Padre  porque tenemos la certeza de que Tú das a  los que sufren una visión de Tú compasión y amor. Que estemos convencidas de que la fe puede realizar cosas estupendas. Ayúdanos Señor a tener la fe de una niña para ver nuestro milagro.  En Cristo, Amén.

Alabanza Sugerida: Esta Es Mi Fe, EBelliard – http://www.youtube.com/watch?v=66WAToq1O0w