Tres meses atrás, recuerdo cómo inundaban los medios aquellas publicaciones sobre las resoluciones de Año Nuevo. Nuestra propia página también se hizo eco de mensajes y devocionales alusivos a cómo correr la carrera cristiana y demás temas relacionados.

Como muchas de nosotras, ya también había definido yo mis “metas a cumplir” para el 2014: Propósitos de crecimiento espiritual, mejoría de salud, de apariencia física, de trabajo, de desarrollo profesional, familiares, financieras…en fín… Dentro de mis tantos proyectos estaba el escribir sobre el mismo tema en la próxima entrega de este blog… Sin embargo…. algo sucedió: Fui una de las tantas víctimas de la llamada “procrastinación” o “dilación”… y tal como el estribillo de una vieja alabanza, me encontré repitiéndome a mí misma: “mañana”… “mañana”… “mañana”.

Como en medio de una avalancha, me encontré completamente arropada por todos aquellos proyectos, planes, proposiciones, metas, promesas que quedaron “en el tintero” y a la fecha no he podido cumplir.  Terminaba a diario con mis energías agotadas por pensar en lo que “pudo haber sido y no fue”.  Mi mañana” se convirtió en “ayer”… y a la fecha, más de tres meses después, me encontré peor de lo que estaba al inicio del año… No sólo retrasada, sino también frustrada, angustiada y con enorme sentimiento de culpa.

Estos versos han sido mi inspiración al tratar de salir de la arrolladora situación en que me encuentro. Te invito – puede que por “enésima” vez, a que los leamos, y emprendamos así una jornada que de seguro será de beneficio a tu vida y también la mía.

Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. (Hebreos 12:1-2  NVI)

En su Palabra Dios también me ha recordado que no me quiere ver en una situación de esclavitud bajo ninguna circunstancia. Recordemos estas palabras del Profeta Isaías que cobraron vida al leerlas el Señor Jesús en la sinagoga: El Espíritu del Señor está sobre mí,  por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres.  Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos  y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos,  a pregonar el año del favor del Señor.  (Lucas 4:18-19).

Entraremos en la consideración de esta carrera en las entregas posteriores. Al  pedir al Señor su dirección y guía en nuestras vidas no olvidemos que muchas de nuestras acciones dependen únicamente de nuestra propia decisión.

¿Has pasado tú por alguna situación similar?  Cuéntanos…

Selah