En el conocido Sermón del Monte de Mateo 7:24-29, Jesús finaliza su enseñanza con una parábola MUY importante sobre la familia. En ella el habla sobre:

  1. Los Padres
  2. La manera de conducir el hogar, y
  3. Los resultados.

Primeramente Jesús cataloga a los padres en una de dos categorías: Prudente o Insensato. Segundo, califica el terreno sobre el cual edifican sus hogares como Rocoso o Arenoso. Y Tercero, les adelanta los resultados que obtendrán si no practican lo que la Palabra de Dios ensena. El que construye su hogar sobre la Roca Inconmovible de la Palabra de Dios es considerado Prudente pues ha tomado las medidas contra el mal tiempo. Pero aquel que levanta su familia sobre la arena movediza de las filosofías del mundo y su propia opinión, es tildado de Insensato, y su ruina se hará evidente cuando azoten los vientos huracanados de los problemas de la vida.

Es importante notar que Jesús afirma que a ambos por igual; Prudentes e Insensatos les azotaran las tormentas. Pero el hecho de que resistamos y quedemos unidos y en pie depende por entero del terreno sobre el cual hemos construido las bases de nuestro hogar. Esto es; si hemos escuchado y puesto en práctica lo que la Palabra nos ensena. Y lo que es peor, la ruina de nuestra insensatez será notoria a todos. Amadas, no basta con oir la Palabra de Dios, tenemos que ponerla en práctica para que surta el efecto para aquello que fue enviada y no regrese vacía.

Muchos erróneamente piensan que el éxito de su hogar depende de sus logros personales, profesionales o materiales, cuando en verdad la permanencia o ruina del mismo depende por entero de nuestra adherencia a los preceptos de Dios. La parábola nos muestra una comparación clara entre alguien que hizo lo correcto y alguien que no, y las consecuencias diametralmente opuestas; permanencia o desastre. En nuestra sociedad relativista la diferencia entre lo correcto e incorrecto y sus efectos, están generalmente ausentes de su pensamiento. Es como si ignoraran la ley de causa y efecto.

Mas Pablo nos recuerda que además de tener a Cristo como piedra fundamental en la construcción de nuestro hogar, debemos construir con materiales de calidad (1 Cor 3:10-14). Es imperativa la aceptación de la autoridad de la Palabra de Dios. La manifestación práctica de esa autoridad en el hogar se hará evidente mediante los frutos del Espíritu (Gal 5:22-23) de amor, respeto, servicio, sujeción, templanza, piedad, etc. que exhiben sus integrantes.

Aunque tenemos consecuencias que pagar por nuestro desliz, nunca es tarde para retomar las riendas. Estaremos orando por ti. ¿Qué medidas prácticas tomaras para poner a Cristo en el fundamento de tu familia?  Coméntanos…