MDB Reflexiona Sobre la Decisión de la Corte Suprema de EUA

“¿Quién hará algo limpio de lo inmundo? ¡Nadie!  Ya que sus días están determinados, el número de sus meses Te es conocido, y has fijado sus límites para que no pueda pasarlos”. (Job 14:4-5 NBLH)

Existen dos hechos trascendentes que mas allá de la historia humana conmovieron el cosmos:

  1. El pecado de Adán y Eva
  2. La muerte de Jesús

El primero fue el sub-producto de la rebelión de Lucero (luego conocido como Satanás) a la autoridad de Dios en el cielo. Y el segundo, fue el sub-producto del primero; esto es, del pecado del hombre en el Edén. En el primero, el hombre cayó de su estado de inocencia y perfección a un estado de total depravación. Su constitución se alteró y llegó a ser totalmente diferente del hombre que Dios había creado. La vergüenza llenó el panorama, su comunión con Dios se interrumpió, el orden de las cosas fue invertido pues el hombre empezó a adorar y amar la creación más que al Creador, y la naturaleza se corrompió en su totalidad.  Desde aquél día la descomposición avanza a pasos agigantados (Gál 5:17).

¡Qué diferente la declaración de Génesis 6:5 a la de Génesis 1:31! El predicador de Eclesiastés 7:29 concluye: “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (RVR1960). El hombre vive al paso de su natural depravación. Por naturaleza es hijo de ira (Efe 2:3) y actúa conforme a su padre; el diablo (Jn 8:44).

Solo la gracia salvadora de Cristo puede regenerar al hombre e impartirle la nueva naturaleza divina. Por ello, la necesidad mayor de cualquier persona es tener un encuentro personal y salvífico con Jesucristo. En este siglo como en ningún otro hay un mensaje que predicar a toda persona y la obligación recae sobre cada creyente verdadero; desde el púlpito, los maestros de escuela dominical, los institutos bíblicos, los ministerios cristianos, los hombres fieles e idóneos que enseñan a otros, las ancianas que enseñan a las más jóvenes, los obreros en las misiones, y los padres dentro del núcleo más íntimo y sagrado de la sociedad; la familia.

El evangelio es un llamado a la raza humana para que se arrepienta y se vuelva a Dios (Hch 17:30),  y cada soldado de Jesucristo debe tomar su lugar activamente:

  • Como Daniel, que “cuando supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes” (Dn 6:10).
  • Como el Siervo Sufriente, que con convicción “ante los ultrajos, burlas y los escupitajos no escondió su rostro, sino que lo puso como pedernal” (Is 50:6-7). Y,
  • Como Loida y Eunice, quienes sabiamente en su casa y “desde la niñez instruyeron en la Palabra de Dios a Timoteo” (2 Tm 1:5,15).

El día que Jesús murió las huestes de maldad celebraban al tiempo que quienes le amaban lloraban. Ellos ignoraban que Jesús había sido “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios,..” y que al tercer día “,.. Dios le iba levantar, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.” (Hch 2:23-24)

Hoy también la Corte Suprema de la nación norteamericana y sus seguidores celebran el triunfo de lo inmundo, y muchos del pueblo de Dios lamentan ignorando que el tiempo avanza velozmente y de igual manera, “por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios”, el mal reina y reinará aun mas “porque ya está en acción el misterio de la iniquidad;..(2Tes 2:7). Pero su júbilo será HASTA que aparezca el “Verdadero Juez y Soberano” de la toda la tierra; el Verbo de Dios, y ponga fin a su carnaval.

Amadas, nosotras “tenemos la palabra profética más segura,..” (2 Pd 1:19).  La victoria está garantizada por la muerte y resurrección de Cristo. “Tengamos paciencia y afirmemos nuestros corazones; porque la venida del Señor está cerca” (Stg 5:8).