Alguna vez, ¿te has puesto a pensar en la cantidad de personas que oran todos los días? No importa que religión confiesen, todos en algún momento han dirigido alguna palabra a Dios.

Tengo una tía, muy bien intencionada, que siempre me decía ora a Dios para que me gane la lotería así puedo compartirla con ustedes. Pero el que una persona dirija sus palabras a Dios no implica que Dios le este escuchando o que vaya a responder. Sabemos que Dios está en todos lados y todo lo sabe, pero a lo que me refiero es que Dios puso sus condiciones para que podamos acercarnos a él en oración.

Te ha pasado alguna vez que tienes la sensación que tus oraciones no son oídas por Dios… aún en los momentos más difíciles de nuestras vidas, en que hemos dicho como el salmista, “Mas yo, a ti pido auxilio, Señor, y mi oración llega ante ti por la mañana. ¿Por qué Señor, rechazas mi alma? ¿Por qué escondes de mí tu rostro?” (Sal 88:13).

Muchas veces solemos pensar que Dios nos oye cuando nos da una respuesta favorable. Pero cuando lo que sucede NO es lo que nosotros esperábamos, sentimos que Dios está lejos, que Dios no nos escucha.

Así por un suceso que recién me pasó comprendí que dos de las razones por las que Dios calla son:

1)     A causa del pecado

2)     El deseo de una intimidad más profunda con nosotras

EL SILENCIO A CAUSA DEL PECADO

Muchas veces Dios calla:

  • Porque tenemos malas intenciones

 “Si mis intenciones fueran malas, Dios no me habría escuchado.”  Sal 66:18 (TLA)

  • Porque somos desobedientes a Dios

“Dios rechaza las oraciones de los que no lo obedecen.”  Pr 28:9 (TLA)

  • Porque no pedimos con fe

“Si alguno de ustedes no tiene sabiduría, pídasela a Dios. Él se la da a todos en abundancia, sin echarles nada en cara. Eso sí, debe pedirla con la seguridad de que Dios se la dará. Porque los que dudan son como las olas del mar, que el viento lleva de un lado a otro.” Stg 1:6-8 (TLA)

  • Porque no escuchamos las necesidades de otros

“Quien no hace caso de las súplicas del pobre, un día pedirá ayuda y nadie se la dará.”  Pr 21:13 (TLA)

  • Porque pedimos mal

 “Ustedes no tienen, porque no se lo piden a Dios. Y cuando piden, lo hacen mal, porque lo único que quieren es satisfacer sus malos deseos.”  Stg 4:3 (TLA)

Pero todas estas actitudes las podríamos agrupar en una sola palabra: PECADO

  • “Pero la maldad de ustedes los ha separado de Dios. Sus pecados han hecho que Dios se tape los oídos y no quiera escucharlos.”  Is 59:2 (TLA)
  • “Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí escucha a los que lo adoran y lo obedecen.”  Jn 9:31 (TLA)

Debemos entender que mientras insistamos en pecar, y nos neguemos a arrepentirnos y confesar nuestros pecados. Dios seguirá callado frente nuestras peticiones.  Pero nuestro Dios es misericordioso y anhela no solo escuchar sino responder nuestras oraciones, pero nos enseña que para eso necesitamos:

I.          Tener una Relación personal con él. Para eso debes entender:

  • Eres pecador (Ro 3:23)
  • No hay nada que tú puedas hacer para quitar ese pecado  (Ef. 2:8-9)
  • Que Jesús vino al mundo a salvarte (Jn 3:16)
  • Y solo Jesús es el único que puede quitar tu pecado (Ro 6:23)

II.        Restablecer nuestra comunión con él, por medio de la confesión:

  • “Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.” 1 Jn 1:9 (TLA)
  • “Quien esconde su pecado jamás puede prosperar; quien lo confiesa y lo deja, recibe el perdón.”  Pr 28:13 (TLA)
  • “Pero te confesé mi pecado, y no oculté mi maldad. Me decidí a reconocer que había sido rebelde contigo, y tú, mi Dios, me perdonaste.”  Sal 32:5 (TLA)

III.       Relacionarnos con humildad: Dejando que Dios te muestre si hay alguna cosa que le está disgustando.

  • “Dios mío, mira en el fondo de mi corazón, y pon a prueba mis pensamientos. Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva.”  Sal 139:23-24
  • “Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”  Lc 18:9-14

Espero que habiendo quitado el pecado de en medio y habiendo entregado o re-dedicado tu vida a Cristo, hoy puedas prepararte para orar en la presencia de Dios y confiar en él.

Por Escritora Invitada: Gabriela Luisi © 2015 – Visita su blog en:https://gabrielaluisi.wordpress.com

Compartir
Artículo anteriorPost Title
Artículo siguienteGabriela Luisi