“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. (Romanos 12:2)

Un anhelo que siempre estuvo presente en la mente y el corazón de los apóstoles era ser todo aquello para lo cual Dios los había llamado. Lo vemos en el apóstol Pablo cuando hablaba de:

proseguir el blanco
extenderse hacia lo que está delante
procurar no ser descalificado de la carrera
estimar todas las cosas por basura por la excelencia del conocimiento de Cristo, y
al instarnos a crecer hasta la estatura de la plenitud de Cristo
El conformismo o estancamiento no existía en la mente ni el vocabulario de Pablo. Pero igual vemos en el pensamiento del escritor a los Hebreos al animarnos a “proseguir hacia delante puesto los ojos en Jesús”. Como también en los escritos de Pedro y Juan, quienes dieron el todo por el todo para cumplir el propósito de Dios en sus vidas.

La vida cristiana no fue diseñada para ser una vida mediocre. Para eso tenemos el mundo. Jesús nos ha llamado a la excelencia de vida. A la excelencia de actitud. A la excelencia de trabajo. Y a la excelencia en todas las áreas de nuestra existencia.

Como hijas del Dios Santo y Perfecto, él desea que reflejemos Sus atributos en el grado correspondiente a la medida de fe que él repartió a cada una. Esa era la lucha de los discípulos. Ellos tenían una batalla con la carne para agradar al Espíritu y obedecer a Cristo. La lucha que también caracteriza a todo verdadero creyente que desea crucificar la carne para hacer la voluntad de Dios.

Ser todo lo que Dios propuso que fuéramos es el fundamento de nuestro llamado y el testimonio más evidente del poder transformador de Dios. Para ayudarnos a lograrlo, el Señor nos ha provisto al Espíritu Santo y su Santa y Bendita Palabra. Esto unido al querer como el hacer por Su buena voluntad hace posible que vayamos en dirección de ser las mujeres que Dios desea que seamos. Mujeres conforme a Su corazón como David, mujeres de fe como Abraham, mujeres de obediencia como Jesús, y mujeres santas como El.

Amada, no tiene nada de pequeño el llamado que Dios nos ha hecho por medio de Su Hijo. Pero sus recursos están a nuestra disposición para que lo logremos. Era el mayor deseo de Pablo y sigue siendo el deseo del Señor. Si estás teniendo dificultad, es hora de rendirte y pedir la ayuda de Dios.

Oración: Padre, gracias por llamarme a ser más para Tu gloria. En mis fuerzas no puedo, pero sé que con los recursos que Tú me has provisto todo es posible. Sacaré tiempo para estudiar la Biblia, para orar y para conectarme más Contigo. Por Cristo Jesús, amen.

Alabanza Sugerida: Quiero Más De Ti, JMurrell – https://www.youtube.com/watch?v=5IOa0gMSSi8