“Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud”. (Deuteronomio 32:4)

Los geólogos saben que las ciudades cimentadas sobre rocas firmes son menos propensas a ser derribadas por los terremotos. Las ondas sísmicas se propagan con mayor rapidez a través de un medio sólido. A mayor solidez de las rocas, menor será el tiempo y el impacto sobre la superficie exterior y sobre todo lo que se encuentra levantado sobre ese terreno.

Los creyentes estamos fundamentados sobre la Roca de los siglos (Is 26:4). No hay turbión por más fuerte que sople que nos pueda mover ni un milímetro de esa Roca; porque, a diferencia del mundo natural, no es la casa la que se adhiere a la roca, ¡es la Roca la que está adherida a la casa!

Podrán soplar vientos huracanados de tormentas pero la Roca nunca, nunca, soltará a aquellos que están firmes sobre ella, porque es una Roca viva, fuerte, poderosa, dinámica, inteligente y vigorosa. Esta Roca es Dios y su Cristo; Él es la Roca (Dt 32:4, 1 Cor 10:4).

Mayor aún… es la Roca la que está haciendo una obra sobre nosotras, no nosotras una obra sobre ella. Y más aún, esa obra es perfecta. Estamos en el taller del Maestro, martillo en mano y mucho fuego, y aunque nos duela ahora, ayudará a perfilar la imagen de su Hijo en ti y en mí.

Al final entenderemos que el proceso ha sido el justamente necesario, sin que nada falte o sobre puesto que ¡en aquel día, todas sus hijas llevaremos la imagen exacta del Señor Jesucristo!

Amada, espera y confía en Él, porque Él sabe bien lo que hace con nuestras vidas y no se detendrá hasta finalizar su obra.

Oración: Padre Bueno, gracias por interesarte en mi. Permitiré que trabajes en mi vida porque sé que harás una obra perfecta. En el nombre de Jesús. Amén.

Alabanza: La Roca Inconmovible, JMurrell – https://www.youtube.com/watch?v=8VaQyhiUy7M