“Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.” (Lucas 7:41-43)

Los Fariseos nunca pudieron cambiar porque medían sus pecados en relación con otros.

Este mismo peligro existe con las personas que confiesan a Cristo como su Salvador al ser atraídas por los encantos del cielo, pero sin entender la gravedad de su pecado. Muchas en esta categoría entienden al venir a Cristo que su vida era bastante limpia y recta en comparación con otras personas.

Las personas que así piensan tienden a ser cristianas frívolas, que no se involucran en la obra, que no confían en la Palabra de Dios, que continuamente están juzgando a otros, y que siguen manteniendo su propio sistema de justicia. Son personas que bien pueden tener un buen conocimiento y manejo de las Escrituras, pero la usan mayormente para sacar el hacha en lugar del ungüento y la bandera del amor.

Lejos de pasarle la mano al pecado o sacar el hacha, la manera correcta de enfrentar el pecado es con la Cruz de Cristo. Esa Cruz que perdona, esa Cruz que levanta, esa Cruz que transforma. Sin embargo, cuando nos acercamos con el mazo de un Juez, debiéramos tomar en cuenta que con esa misma severidad seremos juzgadas.

Una de las evidencias de haber sido perdonadas por Jesús es la compasión por el pecador. Pero la miopía de quienes creen que se les perdonó poco, es su principal muleta. El verdadero arrepentimiento viene cuando entendemos que somos grandes y graves pecadoras, no en relación con otras personas sino en relación a Dios.

Cuando comprendemos la ofensa de nuestro pecado hacia la santidad de Dios y venimos a los pies de Cristo arrepentidamente, entonces se produce la real conversión que llena nuestro corazón de humildad en lugar de jactancia, y mucho amor en lugar de justicia.

Oración: Padre, perdóname por ofender Tu santidad con mi pecado. Gracias por perdonarme y llenar mi corazón de compasión por el pecador. Ayuda a los ministros de tu Palabra a confrontar al pecador con su pecado ante Tí y no los demás hombres. En el nombre de Jesús, amen.

Alabanza Sugerida: Al Taller del Maestro, ABueno – https://www.youtube.com/watch?v=jDYBf8DUZF4