“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares” (Mateo 24:7).

Entre las muchas señales establecidas por Jesús que significaría el tiempo de su inminente segundo retorno está el terrible flagelo del hambre. En el discurso de despedida en el monte de los Olivos, entre las cosas terribles y desoladoras que habrían de venir sobre los habitantes del planeta se encuentran entre otras cosas: guerras, inestabilidad política, enfermedades, y hambres.

De acuerdo a la FAO (Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura) el número de hambrientos se ha incrementado de 860 millones a 1,200 millones desde que empezó el nuevo milenio. Esto debido a la crisis económica mundial producto de la manipulación financiera de los poderosos. El problema del hambre no es un problema de producción sino de la ambición y el pecado del hombre. El 20% de la humanidad dispone del 80% de los medios de producción, debiendo el 80% contentarse con sólo el 20% de los medios para una pobre calidad de vida. Esto devela la injusticia del corazón egoísta y pecador.

Hay una falta de sensibilidad ética y social hacia loss semejantes de aquellos que están en eminencia, que impide que la distribución de las riquezas llegue a todos por igual. Vivimos en los tiempos denunciados por el profeta en Isaías 5:8 donde dijo: “¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo!”, y luego truena en Is 5:23 diciendo: “Ay de los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho!”, sin antes haber añadido en Is 5:20 “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”.

El hambre que nuestro Señor Jesucristo profetizó no viene así por así de la nada, sino que está íntimamente relacionada con el grado de degradación moral e insensibilización social del hombre moderno, que se encuentra abrumado por sus muchos pecados. El poder político no se usa como instrumento para el bien común, sino más bien para crear una mayor desigualdad entre pobres y ricos y para profundizar cada día más el nivel de injusticia imperante. Esto se traduce en que millones de personas apenas encuentren algunas migajas de alimento, o que ganen salarios que apenas dan para cubrir las necesidades más elementales de la existencia humana.

Cada vez que oigamos que el hambre campea y millones mueren, eso no es más que el cumplimiento de la profecía bíblica y la señal de que Cristo viene pronto. En cuanto a nosotras, como Maestras del Bien e hijas de un Dios amante, seamos generosas y compartamos nuestro pan con el hambriento.

Oración: Padre nuestro, oramos que en Tu gracia ayudes a tu pueblo a mitigar el hambre física y espiritual de muchos. Danos el pan de cada día. Por Jesús, amén.

Alabanza Sugerida: Ayer Te Ví, JAR – https://www.youtube.com/watch?v=JLP6uHms-L4

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