“Y se llamará su nombre Consejero” (Isaías 9:6).

Todos necesitamos en algún momento un consejo. Tenemos que tomar una decisión y antes buscamos opinión de alguien en quien tengamos confianza y que conozca el tema que nos ocupa. Sin embargo, aun con la mejor intención, un consejo puede fallar y la decisión que tomemos puede ser equivocada.

Isaías nos enseña que Dios es el perfecto Consejero. Dice literalmente un Consejero Maravilloso y lo es porque eternamente conoce los designios de Dios. Cuando vino al mundo lo hizo para que conozcamos a Dios en la dimensión gloriosa de lo que es (Jn 1:18). Conoce los designios que tiene para nosotros porque quien es Consejero es también Dios.

El Eterno determinó cada momento de nuestra vida, en Su libro estaban escritas todas aquellas cosas que se producirían, desde el momento de la concepción hasta el final de la existencia. Si Él lo ha determinado, nadie podrá aconsejar sobre lo que hacer en cada situación mejor que Aquel que lo ha establecido (Sal 139:16). Además debemos entender que “Dios cumplirá su propósito en mí” (Sal 138:8). El ha establecido mi camino. En su momento vino a mi encuentro buscándome cuando yo no lo buscaba a Él. Me encontró en la miseria de mi situación de perdido. Me llamó por mi nombre. Me tomó sobre sus hombros y me llevó al redil. Tiene un propósito para mi vida, que comprende cada una de las experiencias por las que he de pasar. Los días de gozo y tranquilidad están en Su propósito, pero, también los de lágrimas, inquietud y tristeza. En cada uno de los momentos de nuestra existencia necesitamos consejo para proseguir el camino trazado sin fluctuar y sin extravíos. De ahí la bendición de que el Consejero, es el mismo que ha diseñado nuestra existencia. Así lo entendía el salmista: “Bendeciré a Jehová que me aconseja” (Sal 16:7). El Admirable Consejero está siempre a mi disposición para conducirme por sendas de justicia por amor de Su nombre. Su consejo no falla, el camino en que nos conduce se hace firme para nosotros. Acaso tenga dificultades para conocer bien los pasos que debo dar, pero Él me dice: “… el que me sigue, no andará en tinieblas” (Jn 8:12). El problema es mío, pero nunca Suyo.

El que sabe lo que necesito es también el Príncipe de los consejeros. Reorientó la vida de Nicodemo aconsejándole para la seguridad de salvación; trató con la samaritana aconsejándole sobre el modo correcto de adoración; dio un consejo vital a la mujer pecadora, al decirle: “vete, y no peques más”. Jesús es el Admirable Consejero, porque sólo Él puede entrar en la profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios (Ro 11:33-34). En Él están escondidos los tesoros de la sabiduría (Col 2:3). Miro una vez más el versículo: “llamarás su nombre… Consejero”, y siento que ese es uno más de los regalos de la gracia: “mas para los llamados… Cristo… sabiduría de Dios” (1 Co 1:24).

Alcanzaré lo que necesito escuchando Su voz. Le expondré el problema en oración y estaré atento a su Palabra para atender al consejo oportuno. Por eso debo pedirle…

Oración: Dame, Señor, la bendición de escucharte y seguir lo que me dices. En Jesús, amén.

Alabanza: El Señor Es Mi Pastor, DMontero – https://www.youtube.com/watch?v=gb5wl_ZTW38