“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”. (Proverbios 17:17)

Hace unos días mi hijo de once años se cayó de su bicicleta mientras jugaba con sus amiguitos del vecindario. Uno de ellos corrió hasta nuestra casa para informarnos. Al asomarme a la calle pude ver la caravana que traía al nervioso y ensangrentado herido, casi cargado. Al ver la herida supimos que no era grave, pero era necesario llevarlo a urgencias para suturarlo, porque ésta era relativamente importante. Todos sus amigos permanecieron en nuestra casa con actitud solemne, hasta que partimos hacia el hospital.

Todo el fin de semana recibimos las visitas de sus amigos, en algunos casos acompañados de sus padres y llevando regalos y golosinas para el “enfermo”. Al llegar al colegio fue recibido por sus compañeros con el mismo protocolo: lo ayudaban a subir las escaleras, le llevaban la mochila y en una ocasión fue llevado a enfermería por tres asustados amigos, porque se le despegó el vendaje de su pierna. Unos días después, mientras regresábamos del colegio mi hijo me comentó que un niño de su clase estaba un poco indispuesto. En la tarde lo llamó solo para saber como se sentía. Descubrí en ese instante, que mi hijo en su proceso, había comprendido el significado de una amistad comprometida.

Amadas hermanas, la amistad es un regalo precioso que hemos recibido de nuestro buen Dios. Nuestras amigas están ahí cuando las necesitamos. Nos alientan en tiempos de aflicción y nos reprenden cuando nos estamos desenfocando. Con ellas disfrutamos hasta el peor de los helados y nos sacan las mejores carcajadas, con chistes que solo ellas y nosotras comprendemos.

Pidamos al Señor que ponga fidelidad en nosotras, para que en los tiempos difíciles de nuestras amigas podamos ser refrigerio para ellas también. Oremos para que Dios nos ayude a mostrar amistad, aun con aquellas vidas no tan cercanas a nosotras, pero que están en necesidad.

Oración: Padre bueno y santo, yo te doy gracias por las amigas hermosas que me has dado a lo largo de mi vida. Te bendigo por las que son parte de mi vida actual. Estoy tan agradecida por ellas porque me han mostrado Tu amor. Te ruego para cada mujer que lee este escrito, una amistad especial como la que hubo entre David y Jonatán. Y Señor ayúdanos a entender, que Tú eres el mejor amigo que existe en este mundo. Eres un amigo que jamás nos va a fallar y estarás con nosotras hasta el final de nuestros días. En Cristo te lo pedimos amén.

Alabanza: Jesús mi fiel amigo, JAR – https://www.youtube.com/watch?v=avitA0gKllk