“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.”(Marcos 11:25)

¡No es fácil cuando nos engañan, traicionan, decepcionan o hieren!

A menudo sucede con personas que hemos bendecido. Y si son amados, sus acciones nos penetra tan profundamente que nos irrita, y a menudo guardamos el enojo y el dolor por años.

En el proceso, todo tipo de pensamientos afloran en nuestra mente y el enemigo pasa una película repetitiva del dolor que nos causó “precisamente” la persona a quien más protegimos o ayudamos.

Se nos olvida con suma facilidad, al concentrarnos en nuestro dolor, las veces que nosotras hemos defraudado, herido o llegado corta de la meta de otros; sean amistades, padres, cónyuge, hijos hermanos, colegas o supervisores. Y mayor aún, de Dios.

¿Sabes? No siempre quien mal hace, procede con maldad. A menudo el temor, la incertidumbre, la inseguridad o la ignorancia toman control de nuestros pensamientos, logrando que no obremos de la mejor manera en determinado momento.

Gracias a nuestra naturaleza pecaminosa todas fallamos muchas veces, y nuestro adversario el diablo anda alrededor aprovechando cada metida de pata para devorarnos.

Así que amada, la próxima vez que sufras una decepción ve inmediatamente delante de Cristo, entrégale tu dolor, pídele perdón por las veces que tú le has fallado a otros y perdona a tu ofensor inmediatamente y de todo corazón.

Hacerlo eliminará la hierba mala y preservará tu corazón de raíces de amargura.

Oración: Señor perdóname por enojarme, ofenderme y reaccionar con tanta rapidez ante las ofensas que sufro. Ayúdame a perdonar con la misma rapidez que he sabido enojarme. Ayúdame a tener un corazón como el Tuyo; misericordioso y perdonador. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: Fue Tu Misericordia, Face2Face – https://www.youtube.com/watch?v=e01Akqb6xfQ