“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3).

¡La ambición bien canalizada es buena!

La ambición es un deseo grande por alcanzar un objetivo. Aunque a menudo es asociada con medios y fines negativos, la ambición puede ser una gran cosa cuando nos proponemos alcanzar ideales que nos llevan a estirarnos mediante la excelencia y acciones justas.

El problema se presenta cuando nuestra ambición se apodera de nosotras de tal manera que se eleva por encima de nuestros principios, y busca obtener lo deseado por las vías equivocadas.

Esto fue precisamente lo que pasó con el rey Saúl quien pasó de la humildad de carácter a la arrogante obsesión por el poder y el reconocimiento (1 Sam 15:26-30). Y esto también sucede con los políticos y candidatos presidenciales, quienes hacen literalmente “lo que sea” para alcanzar su objetivo.

Mas tu y yo como mujeres cristianas, jamás debemos ser un mal ejemplo. Nosotras hemos sido llamadas para reflejar a Cristo y liderar con integridad, equidad y gracia.

Oración: Padre controla mis ambiciones y líbrame de ser un mal ejemplo tratando de alcanzar mis metas u objetivos de manera egoísta y mezquina. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Portador De Tu Gloria, AdelBosque – https://www.youtube.com/watch?v=ne2s72zMDCI