“Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas” (Éxodo 11:7).

¿Sabías que Dios cuida de manera especial a sus hijos? Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto con más de dos millones de personas, sus bienes y los animales de su propiedad, nuestro Dios tenía tal control que ni los perros de los egipcios se atrevieron a ladrar ni mover su lengua.

Eso no es un invento, es la enseñanza del versículo de hoy. ¿Sorprendente verdad? Tal es el poder soberano de Dios que hasta los animales están sujetos a Él. Isaías 40:15-16 nos describe la grandeza de Dios en términos incomparables: “He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo. Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio”.

Lo que el profeta nos está diciendo es que si fuéramos a preparar holocausto para Dios, podríamos tomar todos los árboles del Líbano (contados en millones y millones), y todos los animales de la tierra, y aún así no sería suficiente para representar la inmensidad de nuestro Dios verdadero. ¡Sobrecogedor! ¿Verdad?

El Señor puede ordenar todas las cosas de forma tal que redunde en favor de su pueblo. Se cuenta que en uno de los países árabes donde está prohibido enseñar la Biblia públicamente ni los creyentes se pueden congregar abiertamente, un creyente huía de los militares que lo estaban persiguiendo para torturarlo. Y desesperado, entró a una cueva donde oraba fervientemente para ser librado de ellos.

Cuando abrió los ojos vio una araña tejiendo su telaraña, y el hombre dice: “¡Señor, te he pedido que guardes mi vida, y todo lo que has hecho es enviar una araña trabajando en su red!” En eso pasaba el ejército y se oyó una voz decir: “A esta cueva hace años que no entra nadie, hasta telaraña hay en la entrada”, y siguieron su camino. El hombre se arrodilló de nuevo, ahora pidiendo perdón a Dios por haber dudado de su cuidado.

Amadas, aun las cosas más sencillas son, a veces, los instrumentos determinados por Dios para librar, cuidar y bendecir nuestras vidas.

Oración: Gracias Padre porque haces diferencia cuidando de manera especial a tus hijos. Gracias porque nada sucede al azar, y aun a los perros silencias sus ladridos para que tu pueblo pase adelante desapercibido, hacia la tierra prometida. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Jehová, Julissa – https://www.youtube.com/watch?v=F-MRKTekrMI&list=RDF-MRKTekrM