Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia.” (Lucas 10:33)

¿Cuántas veces has dado una falsa excusa? Peor aún, ¿cuántas veces tú misma te la has creído?

Todas tenemos motivos de sobra para no ayudar y comprometernos, especialmente en nuestra condición de mujer: el esposo, los hijos, los padres, las obligaciones de la casa, el trabajo, el temor, recuerdos del pasado, son algunas de las excusas.

Pero la pregunta es…. ¿son estos motivos genuinos ante Dios? ¿Deben ellos limitarme y paralizarme? Jamás habrá motivo mayor a la gratitud que debemos sentir por el precio que Cristo pagó por nuestro rescate en la Cruz del Calvario. Mayor aun, cuando éramos sus enemigas.

En honor a él y el poder que su Espíritu nos ha dado, debemos estar dispuestas a vencer las diferencias, y los prejuicios raciales, culturales, generacionales, personales, sociales, etc. para salir de nuestra zona de confort y servir de corazón a otros.

Lo único que nuestros prejuicios harán es inmovilizarnos, haciéndonos indiferente hacia nuestros semejantes como en el caso del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano (Lc 10:30-32). Esta es una actitud que no se justifica de ninguna manera en una mujer cristiana.

Aunque nosotras, y mucho menos el mundo, no entendamos este modo de proceder, Jesús promete recompensa porque “en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mt 25:40).

No podemos olvidar que a pesar de ser gentil; ajenas a las promesas y el pacto (Efe 2:12), y de nuestros muchos pecados, Cristo nos amó y se entregó por nosotras. Recordemos que si nos comprometemos con él el hombre nunca nos podrá defraudar, porque a Cristo el Señor servimos (Col 3:24).

Oración: Señor, perdóname por todos mis prejuicios, mis excusas y mi indiferencia en el servicio. Ayúdame a ser más semejante a Tí en mi entrega al prójimo y a Tú obra. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Dame Tus Ojos, MGándara – https://www.youtube.com/watch?v=N7seoi7idF0