Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua.(Lucas 22:7)

¡Había llegado la hora de la verdad… la hora cero!

La hora en que Jesús finalmente tenía que ser entregado en manos de las autoridades romanas, y de viles pecadores.

Era el día de los panes sin levadura; el día de la pascua, en el cual se requería el sacrificio de un cordero perfecto, sin defecto y sin mancha. El cordero que proveería la sangre para el rescate a la hora del juicio y la muerte.

Éxodo 12 nos habla en detalle de aquella pascua. No de la pascua navideña que celebramos en nuestros países de origen latino, sino de la pascua que significa sacrificio y victoria, dolor y alegría.

Pero no todo lo concerniente a la pascua era sombrío, pues la pascua era también el preámbulo o entrada a “la fiesta de la libertad”. Si bien es cierto que ella significaba el sacrificio y la muerte de un cordero que ultimadamente fue Cristo, también implicaba la liberación y consagración del pueblo de Dios y el hombre pecador.

La sangre de aquel cordero cubría y apartaba al pueblo de Israel de los peligros y el dominio egipcio, y los situaba bajo la supervisión, protección y señorío de Dios. ¡Lo mismo que hizo la muerte de Cristo por tí y por mí librándonos del dominio del pecado y la condenación eterna!

Sí… la pascua tiene un sabor agridulce, pero era necesaria para nuestra liberación y traslado al reino del amado Hijo de Dios; Jesucristo.

Oración: Gracias Padre por proveer el Cordero que con su sangre lavó mis pecados y me compró. Gracias porque aunque doloroso hoy puedo hacer fiesta porque en Su muerte él me libertó. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: Glorioso Intercambio, Sovereign Grace – https://www.youtube.com/watch?v=0NtcepNd9PE

Violeta Guerra Maestras del Bien – Derechos Reservados © 2016 –www.Maestrasdelbien.org