“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó”. (Mateo 4:23-24)

Jesús murió viernes y resucitó domingo. ¿Qué pasó el sábado?

¡El sábado fue un buen día! Un día de silencio y quietud perfecto para la reflexión. Para que el pueblo y en especial sus seguidores, reflexionaran sobre la vida y los hechos de Jesús, y los eventos que terminaron colgándole en la Cruz.

Mateo resume la vida de Jesús diciendo que él recorrió toda galilea enseñando en las sinagogas y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo. Y que su fama se difundió por toda Siria y los contornos. Se corría la voz de que este Jesús tenía poder para sanar, libertar y resucitar muertos. Y la gente corría tras él.

Vemos a Jesús; al amante Pastor pasearse entre el pueblo, entre la multitud, de provincia en provincia, de hogar en hogar, buscando las ovejas, trayéndolas al redil y supliendo para sus necesidades. Su amor y compasión le llevaban al corazón del dolido, del abatido y del desesperanzado.

Comió con los pobres, se paseó entre los enfermos, se sentó con los pecadores, resucitó a los muertos, dio esperanza al que no tenía ninguna, y se la jugó mano a mano con los sacerdotes, escribas y fariseos que contínuamente buscaban ocasión para injuriarle y matarle.

Tres años de ministerio entre el pueblo. Tres años de incansable labor. Tres años para demostrar su amor, y que él era el Hijo de Dios. ¿Y cómo respondió el pueblo…? “¡Crucifícale, crucifícale!

Son esas las palabras de una humanidad caída, ingrata e indolente. Que tiene amnesia selectiva y que le huye al compromiso. Una sociedad sin principios, que no da el frente con valor por lo que cree. Que se vende al mejor postor, y que por ende acarrea para sí maldición y juicio. ¿Haremos nosotras igual que ellos?

Amar a Cristo es sacar la cara y dar nuestra vida por él. Es pararnos firme en la Verdad y no negar que somos sus discípulos. “Es andar en integridad, hacer justicia y no calumniar con nuestra lengua. Es no hacer mal al prójimo, ni admitir reproche alguno contra nuestro vecino. Aquella a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. Quien aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho” (Sal 15:2-5a).

¡Oh amadas! El sábado es un día excelente para reflexionar, y revisar nuestra vida espiritual a la luz del precio que Cristo pagó por ella en la Cruz del Calvario. “Quien hace estas cosas, no resbalará jamás” (Sal 15:5b).

Oración: Perdóname Padre por las veces que he callado, huído, me he avergonzado, o no he dado la cara por el evangelio. Se que no soy digna de Tí. Pero gracias por perdonarme y darme la oportunidad de redimir mis acciones para la gloria Tuya. En el nombre de Cristo. Amén.

Alabanza: Si Hubiera Estado Allí, JARomero – https://www.youtube.com/watch?v=O4OJaVwg4B8

Violeta Guerra Maestras del Bien – Derechos Reservados © 2016 –www.Maestrasdelbien.org