“Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto”. (Juan 20:13)

¡Una escena realmente conmovedora! Una mujer llorando desconsoladamente por su Señor.

No fue suficiente haber estado a sus pies en la Cruz, sino que su fidelidad iba más allá… y muy de mañana, siendo aun oscuro, sale al sepulcro, solo para encontrarse con que su Señor ya no estaba allí (Jn 20:1).

Turbada corre a darle la noticia a Pedro y a Juan, quienes al igual que ella se encontraban sumidos en la tristeza (Mc 16:9-10). Y al comprobar que no estaba allí, se retiraron a contarle a sus demás compañeros (Jn 20:2-10).

Pero María Magdalena; de quien Jesús había echado 7 demonios (Mc 16:9), y quien se resiste a la idea de perderlo, vuelve a la tumba donde sumida en su dolor le suplica al que creía que era el hortelano que le dijera donde habían llevado a su Señor, para irlo a buscar (Jn 20:15). Lo que ella menos se podía imaginar era que el que le hablaba era él mismo.

Amada, aunque a veces te parezca que el Señor no está donde esperabas encontrarlo, él está allí. Está  más cerca de lo que te puedes imaginar. El te ve, conoce tu llanto y viene a tu encuentro. “El ama a quienes le aman, y lo hallan quienes temprano lo buscan” (Pr 8:17).

Que nada te detenga en tu diario caminar con Cristo. Tráele a él todas tus cargas, porque él es el que tiene el poder para remover las piedras.

Oración: Gracias Señor porque nada detiene Tu poder. Y gracias porque cuando no te hallo, Tu sales a mi encuentro. Alabado seas por siempre, amén.

Alabanza Sugerida: ElReina, Peregrinos y Extranjeros https://www.youtube.com/watch?v=6RyBMyHKiSc

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