“…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

En esta época las hojas de la pasión nos impiden muchas veces ver el árbol de la cruz. Será bueno que en esta ocasión consideremos la obra de Jesús desde la gloriosa dimensión de las consecuencias que tiene para cada uno de nosotros.

La Cruz con todo su contenido expresa el eterno propósito que el Salvador precisa en estas palabras: “he venido para que tengan vida en abundancia”. Sin duda la vida eterna es el gran regalo divino, hecho posible por la Cruz. El Cordero de Dios quita en ella el pecado del mundo. Nuestras transgresiones, la condenación perpetua por el pecado, la separación de Dios, quedan resueltas porque Jesús, ocupando nuestro lugar, murió por nosotros. Hemos dicho al Señor: Creo, Señor. Le hemos entregado nuestras vidas, y recibimos el perdón de los pecados y la vida eterna. ¡Cuánta paz sienten nuestras almas! “Ninguna condenación hay, para los que están en Cristo Jesús” (Ro 8:1). ¡Que profunda tranquilidad nos llena al saber que nadie podrá condenarnos! ¡Que sentimiento de quietud nos embarga al poder entrar

al trono de la gracia, antes cerrado a causa de nuestro pecado, pero abierto hoy sin limitación alguna, para hallar en allí el oportuno socorro! Todo esto es glorioso, pero Jesús nos da todavía más: “que tengan vida y que la tengan en abundancia”.

Quiere decir que podemos disfrutar una vida plena, mientras esperamos el encuentro con Él. En ella hay “plenitud de gozo” (Sal 16:11). Nada habrá que pueda mermarlo. Ningún conflicto en nuestra vida puede quitarnos ese regalo divino, porque Dios mismo se ocupa de producirlo en nuestro corazón por su Espíritu. La tempestad está fuera, el gozo dentro. Dios es la fortaleza de los siglos abierta para que podamos refugiarnos en ella y sentir la tranquilidad absoluta que llena de paz. El mundo no puede aceptar nuestra vida en Cristo y generará odio y persecución, pero Jesús nos dice: “Confiad, yo he vencido al mundo” (Jn 16:33). Cuanto gozo al saber que nada puede hacer contra nosotros, porque es un enemigo derrotado por Jesús. En la vida abundante hay también cuidado y compañía. Este es el compromiso de nuestro Salvador: “Estoy con vosotros todos los días hasta el fin…” (Mt 28:20).

Pudiera ser que todos te abandonen. Es posible que tus seres más queridos hayan partido para estar con el Cristo. Tal vez la enfermedad te tenga aislado de estar con otros. Acaso alguna prueba económica te haya hecho perder todo y te sientes sólo. Es una falsa percepción porque el Señor está contigo. Extiende tu mano de fe y encontrarás la Suya que te dice: “no temas yo te esfuerzo”.

La vida es abundante porque descansa en la esperanza: “…vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo”. El tránsito puede ser difícil, pero el fin del camino es glorioso. Ya puedo vislumbrarlo en el horizonte.

Oración: Señor, gracias porque gozaré de la vida abundante, porque allí habrá delicias a su diestra para siempre. Por Jesucristo, amen.

Alabanza: Si Te Tengo A Tí, Sovereign Grace – https://www.youtube.com/watch?v=yQR7z0BqSLY

Samuel Pérez Millos – Ministerio Pastoral Aliento © 2016 – Derechos reservados

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