“Él es quien hace la llaga, y Él la vendará. Él hiere, y sus manos curan”. (Job 5:18)

¿Estás enferma del alma, del cuerpo o del corazón? ¡Dios es el cirujano por excelencia!

Qué tonto sería el paciente que se rebela contra el bisturí del cirujano que opera para curarlo del mal que lo consume. Sabemos que todo proceso operatorio conlleva sus riesgos resultando en ocasiones muy complicado, delicado y hasta traumático. Pero al final damos gracias al doctor que con manos diestras intervino con su bisturí para extirpar toda célula maligna del órgano afectado. De manera similar  Dios; nuestro cirujano espiritual trabaja en nuestras vidas. “Él es quien hace la llaga, y Él la vendará. Él hiere, y sus manos curan”.

A veces él permitirá u ocasionará situaciones aflictivas que perturben nuestra paz, para usarlas como bisturí y retirar el tejido dañado por el orgullo y el pecado que han ido gangrenando nuestras vidas.

Fue el cedazo de las aflicciones que templó el carácter de José, preparándolo para ocupar el primer lugar en Egipto. Fueron 40 años entre el polvo del desierto y los balidos de ovejas que capacitó, y fortaleció la integridad de Moisés para ser el gran libertador de los hebreos. Fue la angustia de la persecución constante de Saúl por más de 20 años, que moldeó la personalidad de David para que llegara a ser el hombre justo y fiel que Dios quería que fuera.

Es Dios quien hace la llaga, pero no la deja abierta para que nos desangremos. Él mismo se encarga de vendarla. Muchas veces nos herirá en nuestro orgullo, rebeldía, insensatez, inmadurez, y/o amor. Pero sus manos tiernas e impregnadas de sabiduría y misericordia, nos aplicará el bálsamo divino que sanará la herida.

Decía el comentarista bíblico Matthew Henry que: “la providencia de Dios hay que leerla como el idioma hebreo, de atrás hacia adelante”. Hay que tratar de comprender el propósito final de la obra que él está desarrollando en nosotras, para poder interpretar nuestra situación a la luz de ese santo propósito.  Es como los hilos entrecruzados de una alfombra al revés, que al voltear presenta con claridad un hermoso diseño.

Amada, nadie que viene Cristo Dios dejará igual. Como nuestro cirujano, él tejerá la imagen de su Hijo en cada una de nosotras con el bisturí de las aflicciones y el hilo de la restauración.

Oración: Gracias Señor Mi Dios, por la operación poderosa y transformativa que Tú realizas en mi carácter. Gracias porque me embellece al parecerme más a Jesús. En Su nombre, amén.

Alabanza: Cúbreme, LGoodman – https://www.youtube.com/watch?v=GzC0QkRnYiw

Carmen de Corniel para Maestras del Bien – Derechos Reservados © 2016 –www.Maestrasdelbien.org