“E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido (Lucas 24:14).

El versículo de hoy está tomado de un relato sobre la resurrección de Jesús. Lucas menciona a dos de ellos, esto es, dos de los discípulos de Jesús. Conocían bien al Maestro, lo habían seguido muchas veces, habían escuchado Sus palabras y, sin duda era también reconocido por ellos como el Mesías prometido. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos días habían puesto una gran carga sobre ellos. Las cosas que habían ocurrido llenaban totalmente sus corazones. Ambos, tal vez un matrimonio, hablaban y discutían sobre ellas, con una consecuencia, estaban tristes.

Jesús caminaba a su lado, pero ellos no le conocían. El relato da algunas razones para esta situación.

  • No conocían a Jesús porque sus ojos estaban oscurecidos y no podían reconocerlo. Sin duda, como dice Marcos, el aspecto del Señor era diferente del que estaban habituados a ver, en otra forma (Mr 24:13).
  • Jesús había descendido en apreciación y valor; había dejado de vivir al ser crucificado, por tanto había sido un varón profeta. Ya no era para ellos el Hijo de Dios. También había dejado de llenar sus expectativas: “pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel”. Esperaban al glorioso Mesías que establecería el reino y liberaría a la nación de todos los que la oprimían, pero, aquello no había ocurrido, de modo que no podían reconocerle ya como el victorioso Rey de reyes y Señor de señores. Ellos esperaban un Cristo tradicional conforme a lo que la teología de sus días enseñaba.
  • Aún más: “además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido”. La tradición de los judíos enseñaba que pasado este tiempo ya no podía haber resurrección. Él había anunciado que resucitaría, pero había pasado el tiempo en que podía hacerlo. Toda la esperanza suya había caído por tierra y la tristeza llenaba sus corazones.

Jesús actúa con ellos en dos formas:

Primero les abre la Palabra recorriéndola y haciéndoles recordar lo que en ella se decía de Él. El efecto fue transformador. Los corazones tristes y saturados de cosas, se llenaron del calor divino haciéndolos arder a medida que iban comprendiendo que todo cuanto había ocurrido era el cumplimiento de lo anunciado por Dios.

Segundo, llegó el momento de la oración. Habían llegado a su destino y el Señor hizo como que seguía de largo, produciendo en ellos un ruego que fue escuchado y aceptado por Él: “Quédate con nosotros”“Entró pues a quedarse con ellos” (v 29). En la casa el Señor se levantó para partir el pan y ellos vieron las señales de los clavos en sus manos. Habían estado con Él todo el tiempo, pero no lo habían reconocido.

Cuando nuestros corazones están llenos de cosas. Cuando la idea de fracaso se implanta en el alma, cuando pensamos que no hay solución a nuestros problemas y frustraciones, cuando las cosas que nos rodean llenan nuestro corazón, entonces perdemos de vista a Jesús, Su poder y Su gloria para vivir tristes y en conflicto. Necesitamos volver a la Palabra y a la oración para sentir que camina a nuestro lado.

Oración: Sí, Señor, vacía mi corazón de cosas y llénalo plenamente de Tí. Amén.

Alabanza: En Medio De La Angustia, Face 2 Face – https://www.youtube.com/watch?v=nhle4Dbsx70

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2016  –www.Maestrasdelbien.org