“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. (Salmos 23:4)

Como creyentes deseamos el cielo pero sin tener que pasar por la muerte.

¡La muerte es fea! La muerte tiene cara de cáncer, de sida, de tortura, de accidentes mortales, de dolor, desgaste, tristeza, tragedia, separación, fín, etc.

Pero la larga vida sobre la Tierra no presenta atractivo cuando pensamos en nuestros cuerpos desgastados por los años, limitado, dependiente, lleno de fragilidad y dolencias, y hasta el hastío de quienes cuidan o tienen que velar sobre una persona anciana e incapacitada.

Se crea una disyuntiva entre larga vida con sus acompañantes o los dolores de la muerte. Al pensar en esto, nuestro corazón se agita y llena de temor. Pero el Salmo 23 conforta nuestra alma al afirmarnos que en los momentos más difíciles de nuestra vida, el Señor estará con nosotras y nos infundirá aliento.

El bien y la misericordia de Dios nos permitirán descansar en presencia de nuestros “angustiosos tormentos de la vejez, la enfermedad y la muerte”. El ungirá nuestra cabeza con Su bálsamo relajador de modo que nuestro corazón rebose de satisfacción y calma (v.5) hasta que finalmente pasemos a morar con el Señor eternamente (v.6).

Oración: Padre gracias porque en medio de la tensión entre la vida y la muerte estás Tú. Gracias por infundirnos aliento, y sobre todo por estar ahí. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: Ciudad de Dios, Jonathan Jeréz – https://www.youtube.com/watch?v=Pn9QlFWhzoU

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