La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí” (Juan 4:9).

¡Hay aceptación y perdón de Dios para tu corazón!

En sus encuentros con los perdidos, los enfermos, los necesitados, los atribulados y los marginados Jesús dispensó su favor inagotable. Pero lo vemos de manera muy especial en su trato con las mujeres.

Al acercarse a la mujer samaritana, Jesús traspasó todos los límites convencionales de su tiempo. El sabía que las relaciones son importantes para las mujeres, y ésta en especial porque era víctima de:

– Los problemas raciales y religiosos entre Judíos y Samaritanos, y

– La discriminación de género

Además sufría porque había tenido cinco fracasos amorosos y el sexto no era suyo pues vivía en adulterio. Esto la hacía una mujer repudiable y marginada en su comunidad, relegándola a una vida de soledad. Y como todos la conocían por su pecado, nadie la amaba ni respetaba.

Sin embargo Jesús le mostró:

  • Consideración al acercarse
  • Amor al interesarse
  • Respeto al hablar con ella y contestar sus preguntas
  • Compasión al no condenarla, y
  • Valoró su conocimiento espiritual al platicar con ella y revelarle que era el Mesías

Pero algo más que hizo Jesús fue propiciarle la oportunidad, en medio de un clima de aceptación y comprensión, de que confesara su pecado y hallara perdón.

Amada, Jesús conoce tu dolor, comprende tus debilidades y restaura tu corazón. Como la samaritana, puedes acercarte confiadamente al Señor, abrirle tu corazón, y ser libertada y renovada por Su incomparable gracia.

Oración: Padre gracias porque Tu gracia sobreabunda donde abunda el pecado. De otra manera no hallaría socorro y salvación. Gracias por aceptarme, perdonarme y restaurar mi vida. En Cristo, amén.

Alabanza: Dios Incomparable, MBarrientos – https://www.youtube.com/watch?v=o2966fpFO8o

Violeta Guerra para Maestras del Bien – © 2016 www.maestrasdelbien.org