“Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna,..” (1 Corintios 15:41)

La relación que existe entre la luna y el sol es la misma que existe entre el creyente y Dios.

La luz que procede de la luna es una ilusión. Ella no posee luz propia, sino que la luz que proyecta procede de un astro mayor: el sol. Durante el día la luz del sol envuelve, esconde e impregna la luna de su fulgor, para que de noche esta salga a cumplir su labor.

Si bien es cierto que de noche solo vemos la luna y no el sol, todo el crédito de iluminar la oscuridad pertenece al sol. La luna más bien actúa como un reflector de la luz solar, quien además la ilumina para que sea visible en el firmamento, aun cuando el sol no aparece visible al ojo humano. Por consiguiente, la labor que realiza la luna no es producto de su propia competencia sino de la potencia del sol.

Así también sucede en la relación del creyente con Dios. La luz que proyectamos a los que están en tinieblas procede enteramente de Él; nuestro Astro Mayor.

Nosotras somos apenas reflectores de Su gloria.
A lo largo de nuestra relación y comunión con Dios somos investidas de Su luz para reflejarla a los que andan en tinieblas.
Sin Su potencia a nadie podemos alumbrar
Amada, todo lo que somos procede de él y todo cuanto hacemos lo debemos a él. Si quieres alumbrar la oscuridad de tu familia, acércate más a Dios para que Su luz te envuelva, humille e impregne para que seas un astro visible que brille para Su gloria.

Oración: Gracias Padre Amado por hacernos astros con la capacidad de reflejar Tu gloria. Ayúdame a recordar que toda la potencia procede de Ti; el Astro Mayor, y que separada de Tí, nada puedo hacer. Estaré cada día más en Tu presencia para ser investida de Tu luz y bañada de Tu gloria. En Cristo Jesús, amen.

Alabanza: El Toque De Tu Gloria, IValdez – https://www.youtube.com/watch?v=D1fsFSYVEnU