“Ni clamor” (Apocalipsis 21:4)

Dios desea que nuestra visión sea, como es nuestra vida, celestial. La obra de la Cruz ha transformado la vida del creyente. La situación producida por el pecado ha dado paso a la nueva dimensión en Cristo, donde las cosas viejas pasaron, para vivir en cada momento en novedad de vida. Esta seguridad produce tranquilidad e medio de la inquietud, seguridad en medio de la zozobra y paz en medio de la tormenta que puede azotar nuestra vida

Los ojos de la fe se levantan para gozarse ya viendo el lugar que prepara para nosotros, donde las bendiciones eternas se manifestarán. A las que ya hemos considerado se añade una más, al decirnos: “ni clamor”. Es decir, no se producirá jamás. El clamor es la expresión de un alma que sufre injusticias. Son la consecuencia de las múltiples formas de opresión que hacen clamar al que no puede controlar la situación. Ese problema se manifestó desde el principio de la historia humana, cuando la sangre inocente de Abel clamaba a Dios desde la tierra por la acción injusta y homicida de su hermano Caín (Gn 4:4). Fue el hambre en la tierra de Egipto que produjo el clamor de todo el pueblo que no tenía recursos para satisfacer sus necesidades (Gn 41:55). Así también la pobreza a que algunos llegan a causa de la injusticia social les hace clamar angustiados, mientras los que pueden socorrerles “cierran su oído al clamor del pobre” (Pr 21;13). Es también el resultado del abuso del rico que retiene sin derecho el salario del trabajador (Stg 5:4).

No solo creemos que puede quitar el clamor para siempre, sino que ya lo hemos experimentado en nuestra vida, cuando sentimos la experiencia angustiosa que producía el pecado y nos condujo a venir al encuentro de Dios con nuestras miserias para obtener gracia, por eso como David, podemos decir: “este pobre clamó, y le oyó Jehová. Y lo libró de todas sus angustias” (Sal 34:6). Esta es nuestra seguridad, si lo hizo antes lo hará también ahora cumpliendo Su promesa.

Todas las injusticias habrán terminado para quienes vivamos en la Ciudad Santa, lejos para siempre de la situación natural de injusticia que se produce en el mundo por la presencia del pecado en sus muchas manifestaciones. Levanta tus ojos y mira al que está sentado en Su Trono de Gloria y observa que Sus vestidos están ceñidos de justicia (Is 11:5). Entonces Dios “juzgará con justicia a los pobres” (Is 11:4). Mira el eterno raudal de bendición que brota del Señor mismo: “El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” (Is 32:17).

Es posible que el clamor esté llenando mi vida sacudida por la injusticia de los hombres. Acaso las lágrimas me revelan la impotencia personal ante el daño que otros me producen. Tal vez no encuentro reposo porque lo busco donde no existe. Por eso Dios me llama a cambiar la orientación de mi vida, a dejar de mirar al presente para centrar mi atención en el futuro y respirar por fe el aire del cielo, entrando ya en el disfrute de la promesa de Dios que me dice:“no habrá clamor”.

Oración: Padre gracias porque mi clamor cesa cuando puedo “gustar y ver que el Señor es bueno”, por eso siento paz y digo: “Dichoso el hombre que confía en Él”. Amen.

Alabanza: Me Viniste A Rescatar, Hillsong – https://www.youtube.com/watch?v=ST4zxBRVIPk

Samuel Pérez Millos – Ministerio Pastoral Aliento © 2016 – Derechos reservados