Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad” (Colosenses 1:11).

El poder para la vida cristiana procede siempre de Dios. Esa potencia espiritual capacita para el ejercicio de cuatro virtudes, dos de las cuales están en este texto.

El relativismo es la manifestación de la época actual, sin embargo, el apóstol usa aquí expresiones absolutas todo poder, toda paciencia, toda longanimidad. La primera enseñanza está centrada en el poder de Dios, por el cual somos fortalecidos. La vida que agrada a Dios, la que es más que vencedora, ha de ser vivida en un plano sobrenatural, para el que la fuerza del hombre no es suficiente. La plenitud del poder de Dios sobrepasa todo lo que se puede expresar con palabras. Pablo no encuentra otra forma para dar idea del poder de Dios y habla de la potencia de su gloria. Es una forma de referirse a la soberanía omnipotente y gloriosa de Dios. La gloria de Dios es el conjunto de perfecciones que expresan lo que Él es. Sin embargo en el versículo está vinculada con la comunicación de poder. Él es omnipotente, quiere decir que puede hacer cuanto se proponga. El salmista dice de esa perfección “que de Dios es el poder” (Sal 62:11). No es posible entender esa dimensión porque no hay nada con que pueda compararse, ya que “por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (He 1:3).

Esa omnipotencia está comprometida con nuestras vidas. Dios es el que hace milagros portentosos como que “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Is. 40:29). Dos cosas que son imposibles para nosotros, como esforzar al cansado y mucho menos a quien ya no tiene ninguna fuerza, es posible para Él. La gracia pone la fuerza de Dios a nuestra disposición para que levantemos alas como las águilas y caminemos sin cansancio y sin fatiga.

El poder de Dios nos capacita para el ejercicio de la paciencia y la longanimidad. La paciencia es lo que nos permite mantenernos firme bajo un peso. Es estar firme y perseverar creyendo en cualquier situación adversa. Nos permite ser perseverantes en la fidelidad en cualquier tiempo, aflicción, sufrimiento y persecución. Pero también el poder de Dios nos conduce a vivir otra bendita experiencia; la longanimidad, literalmente manifestando un corazón grande. Es la capacidad para resistir sin tomar represalias cuando somos provocados. El ánimo grande se ve fortalecido por la esperanza, considerando las vicisitudes como algo transitorio que produce un mayor peso de gloria (2 Co 4:17). Esa virtud activada por el Espíritu Santo en el cristiano, se manifiesta en una actitud positiva ante la vida. Estas dos admirables virtudes son posibles cuando somos “fortalecidos con todo poder, con la potencia de Su gloria”.

Tal vez mi capacidad de soportar el peso de una prueba se está acabando, ya no tengo paciencia para seguir bajo ella. Es posible que lo que me rodea haga que poco a poco se cierre mi capacidad de tener un corazón grande. Si es así, necesito ser fortalecido con el poder Dios. No debo dudar en esto ¿no es Dios rico en misericordia para todos los que le invocan? ¿Fue confundido jamás alguno que esperó en Él?

Oración: Amado Dios, como el padre del enfermo digo ahora: ¡Creo, Señor! ¡Ayuda mi incredulidad! En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Eres Mi Fortaleza, Hillsong – https://www.youtube.com/watch?v=DT2lsK32H2k

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2016  –www.Maestrasdelbien.org