Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

El mundo está cargado de diferencias. Diferencias de raza, color, estatus, economía, idioma, educación, cultura, creencias, género, profesión, nacionalidad, intereses, etc.

Las buenas que nos comunica el evangelio, es que si somos de Cristo todas somos: “una en él”.

Esto implica, que en Cristo ya no hay paredes intermedias ni muros divisorios dictados por leyes, política, raza, cultura, ni país de origen (v.28), pues unos y otros “sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús (v.26); porque todos los que están unidos en Cristo por el bautismo del Espíritu, de Cristo están revestidos” (v.27).

Qué gloriosa noticia en medio de un mundo marcado por las divisiones. Dios ha recogido y unido una enorme multitud de todo pueblo y toda nación, tribu y lengua, tan numerosa que nadie puede contarla (Ap 7:9).

Históricamente formamos parte de la familia de Abraham y en lo adelante somos herederas de las promesas que acompañan a los redimidos. Juntos sin diferencia, estaremos de pie delante del trono y del Cordero con túnicas blancas y ramas de palmeras en las manos gritando con gran estruendo: «¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero!» (Ap 7:9).

Oración: Gracias Señor mi Dios, por la unidad que gozamos como tus hijas, y la que produce estar injertadas en la familia de la fe de Cristo Jesús. Gracias por librarnos de las diferencias que nos separaban. Al Señor sea siempre toda la gloria. Amén.

Alabanza: Recibe Toda la Gloria, JMelgar – https://www.youtube.com/watch?v=OYw3b0PtnE4

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