“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo(Marcos 14:23).

Haciendo mi devocional matutino, leía sobre un jóven Coreano que participaba en un intercambio estudiantil en Estados Unidos. El jóven asistía entusiasmadamente cada día a clases y compartía felizmente de las experiencias de su familia norteamericana.

No obstante, diariamente a las 7:30 de la noche el joven se retiraba para hablar con su familia en Beijing en las cuales le contaba las novedades y retos del día. Cuenta la autora, que este tiempo era sagrado para él, y no importando donde estuviera o que estuviera haciendo, se apartaba para no ser interrumpido y hablar con los suyos.

Por nuevas que fueran las experiencias, entretenida que estuviera la conversación con su familia norteamericana, y muy a pesar de la distancia que lo separaba de su familia en Beijing, nada le restaba importancia ni impedía su tiempo a solas con ellos.

Esta también era la costumbre de Jesús. El acostumbraba a retirarse de las multitudes y aun de sus discípulos para estar a solas hablando con su Padre (Mc 6:46, 14:23, Lc 6:12, 11:1). Así como el jóven, no importando lo apretada que estuviera su agenda o el número de personas que estuvieran siguiéndole y esperando por su ayuda, Jesús no permitía que nada se interpusiera entre su tiempo a solas con el Padre.

La relación de ambos con su padre nos recuerda la importancia que nosotras debemos darle a nuestra cita con Dios. No importando la lista de nuestras ocupaciones, las invitaciones de otros, o lo entretenidas que resulten algunas actividades, nuestro tiempo devocional con el Señor debe ser fijo y sagrado. Si nos disciplinamos, otros aprenderán a respetarlo.

Oración: Padre gracias por el ejemplo de Jesús y su dependencia en Tí. Ayúdame a establecer un tiempo sagrado para contarte con detalles las novedades y retos de cada día. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Desde Mi Interior, Hillsong- https://www.youtube.com/watch?v=SkqlvoBSPrA

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