“El fuego sobre el altar no deberá apagarse nunca; siempre deberá estar encendido”. (Levítico 6:13)

Muchas veces, cuando empezamos a leer libros como el de Levítico, tendemos a “bajar la guardia”, y pensamos que nada de lo que sea leído allí nos será de gran provecho, porque ya esos ceremoniales no se aplican a nuestros días.

¡Cuán erradas podemos estar!  Si leemos con atención, veremos que lo escrito allí está tan vigente hoy en términos espirituales. Ya no presentamos ofrendas de animales como holocausto, pero el Apóstol Pablo explica bien cuál es nuestra ofrenda actual:

“Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.  No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.  Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”.  (Rom 12:1-2)

Hoy más que nunca se nos hace imperiosa la necesidad de mantener nuestro fuego encendido.  Nuestro fervor por el Evangelio, nuestro amor a Dios, nuestra entrega a Su obra y nuestro sometimiento a Su voluntad pueden verse seriamente lesionados cuando este fuego mengua o se apaga.

La lectura de La Palabra, la oración, y la meditación, son los carbones encendidos que siempre debemos colocar en nuestro altar.  De igual manera, la participación como miembros dentro de nuestra iglesia local es también un combustible importante. Cuando estas prácticas son descuidadas, vamos extinguiendo poco a poco el fuego del Espíritu, pues automáticamente los afanes, ocupaciones y preocupaciones de este mundo empiezan a cubrir la llama de la misma manera que sucede cuando cubrimos el fuego y este cesa por falta de oxígeno.

¡Despertemos! porque sin el fuego del Espíritu no hay luz que alumbre en momentos de oscuridad, ni calor que nos cobije cuando llega el invierno de las pruebas.

Oración: Señor te pedimos perdón cuando nos descuidamos el mantenerte como prioridad en nuestra vida. Danos la convicción para que podamos reaccionar a tiempo y no vivamos en fría oscuridad.  En el nombre de Jesús. Amén.

Alabanza: Fuego de Dios, Rojo – https://www.youtube.com/watch?v=mEv89mp8MMg

Larissa VanHorn  para Maestras del Bien ©2016 – Derechos reservados www.maestrasdelbien.org