“Sostenme, y seré salvo, y me regocijaré siempre en tus estatutos” (Salmo 119:117).

La estrofa del Salmo (vv.113-120), contiene además de contrastes, una lección que tiene que ver con el lugar seguro donde podemos encontrar refugio y descanso.

Se inicia con una declaración solemne (v.113). La relación con la Biblia condiciona el modo de vida. Lo que se ama determina aquello que se desprecia. Aborrecer no es sinónimo de odiar, sino de poner en un segundo lugar. El camino del creyente es opuesto al de mentira. Aquí se habla de aborrecer los vanos pensamientos o la doblez que es la hipocresía. Lo que amamos determina el enfoque de la vida. Amar la Palabra no equivale a una vida religiosa, que puede ser hipócrita, sino a una que discurre conforme a la Escritura, preguntándonos si lo que estamos haciendo está de acuerdo con las demandas de ella.

En momentos de dificultad, cuando la tormenta agita la vida, se hace necesario un escondedero. El Salmo nos enseña a refugiarnos en Dios (v.114). A veces tenemos nuestros propios refugios que ocultan la verdadera realidad espiritual, como el activismo, el dogmatismo o el liberalismo. ¿Dónde nos refugiamos cuando las cosas se ponen difíciles en nuestra vida? ¿Quién puede alcanzar al que se ha refugiado en Dios? Él no es solo escondedero, sino escudo. Tras de Él estamos seguros, libres del temor del mal. La Palabra alienta nuestra vida porque es nuestra esperanza. Ella nos enseña que las pruebas y adversidades de la vida vienen por concesión de Dios, y sólo duran el tiempo necesario (1Pd 1:6). Quien ama la Palabra puede decir: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi porción es Dios para siempre” (Sal 73:25-26).

Dios es la fuerza que sustenta nuestra vida (v.116). Cuando parece que todo se derrumba bajo nuestros pies, el Señor se hace lugar para afirmarnos y descansar, porque “el que sostiene a los justos es Jehová” (Sal 37:17). Incluso en los momentos en que caigamos “no quedaremos postrados, porque Jehová sostiene nuestra mano”. Mientras los hombres desean destruir, Dios siempre restaura. Por eso la esperanza no avergüenza porque los recursos de poder están a nuestra disposición. De ahí la necesidad de vivir conforme al Señor. Hay quienes están listos a morir por el Señor, pero, es cada vez más necesario creyentes que estén dispuestos a vivir para Él.

Esta debe ser mi oración ahora: “Sostenme, y seré salvo” (v.117). La vida es un camino resbaloso, de ahí que mi mano debe estar firmemente asida a la de Cristo. Sólo así puedo evitar las caídas. Sin duda mis conflictos son contra un adversario que busca mi mal (1 Pd 5:8), pero el poder y la protección de Dios hará estériles sus intentos contra mí. La fe hace que sienta Su mano actuado en mi ayuda. Acaso mi problema hoy proceda de los hombres; aun así puedo estar tranquilo y decir: “El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Heb 13:6).

Oración: Gracias Padre porque aunque soy débil, pequeño, imperfecto y nada podré hacer para escapar de los grandes problemas de la vida, puedo descansar y encomendar mi conflicto al Señor con las palabras del versículo: “Sostenme, y seré salvo”. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: El Me Sostendrá, EAravena – https://www.youtube.com/watch?v=bldsP13dHV8

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