“Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él”.  (Colosenses 3:17)

Es común en estas fechas escuchar discusiones acerca si los creyentes deberían celebrar la Navidad.  Muchos dicen que Jesús no nació para esta época, analizan al dedillo el origen pagano del árbol y las luces y se niegan rotundamente a colocar motivo navideño alguno en sus hogares. Otros rechazan rotundamente la figura del legendario “Santa Claus” y hasta consideran pecaminoso el exhibir dicha figura.

Pareciera que los Hispanos estaríamos un tanto más cerca de la verdad con la tradicional Fiesta de Reyes Magos.  Sin embargo, olvidamos que estos ni eran reyes, ni eran necesariamente tres, y nunca llegaron al pesebre; Aún así, ¡los exhibimos allí dando regalos al Mesías!

Diferimos en cuanto al “cómo” y el “cuándo”, pero todos hemos estar de acuerdo en que sea en Primavera, Verano, Otoño o Invierno, con o sin magos, ¡nuestro Salvador nació!.. y el verdadero motivo de la Navidad es este.

En los primeros libros del Antiguo Testamento, Dios instituye diferentes celebraciones para su pueblo, y les da claras instrucciones sobre el cómo y el cuándo. Ya en el Nuevo Testamento, vemos la corrupción que plagaba las fiestas de recordación:

Cuando se aproximaba la Pascua de los judíos, subió Jesús a Jerusalén.  Y en el templo halló a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, e instalados en sus mesas a los que cambiaban dinero.  Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del templo, juntamente con sus ovejas y sus bueyes; regó por el suelo las monedas de los que cambiaban dinero y derribó sus mesas.   A los que vendían las palomas les dijo: — ¡Saquen esto de aquí! ¿Cómo se atreven a convertir la casa de mi Padre en un mercado?   (Jn 2: 13-16)

El “mercado”  hoy en día no está sólo en las tiendas con ofertas atractivas y precios inflados, sino también está en nuestro corazón. Somos “La casa del Padre”,  porque en nuestro ser habita el Espíritu Santo de Dios.

La intención del corazón de Dios es la misma antes y ahora: El quiere que le recordemos Su Persona y lo que ha hecho por nosotros. El mandato se extiende por vía del Apóstol Pablo en este verso de la carta a los Colosenses que posteamos al principio.

Entonces, sea que pongas luces o no, tengas un árbol o no, compres regalos, o no.. recuerda esto:   “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”.  (1 Cor 10: 23-31 en contexto)

Oración: Señor, damos gracia por tu nacimiento, porque sin este no hubiéramos sido salvos del pecado.  Ayúdanos a nunca olvidar que tu eres la verdadera razón de estas fiestas. En tu nombre lo pedimos, Amén.

Alabanza: Magnífico, CD’Clario – https://www.youtube.com/watch?v=fnSnb8Jp1ow

Larissa Sosa-VanHorn para Maestras del Bien – ©2016 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org