Si mi cabeza se alzare, cual león, tu me cazas;  y vuelves a hacer en mi maravillas”.  (Job 10:16)

Cuán grande conocimiento tenía Job del poder y la grandeza de Dios, cuando pronunció estas sabias palabras.  El había escuchado que Dios todo lo puede y que no hay nada que se escape de su control. Job, quien había experimentado la tristeza y el dolor de la pérdida de todos sus hijos, la falta de apoyo de su esposa, el desaliento de los desacertados consejos  de sus amigos; después de argumentar contra Dios, pudo admitir su incapacidad  de responder a un Dios Santo y cuyos juicios son todos justos.

A pesar de este gran conocimiento, todavía su fragilidad le llevó a lamentar su condición, a defender su integridad y a quejarse contra Dios. A envidiar la suerte de los malos, a acusar a Dios de indiferente ante su sufrimiento, y también a auto justificarse y compadecerse.  Con todo lo anterior, Dios en su misericordia infinita le mostró su amor y su gracia, y le restauró de una manera tal que su corazón produjo los versículos 5 y 6 del capítulo 42, donde dice “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza”.  Su vivencia,  selló su relación con Dios, y ya no eran palabras, si no experiencias las que marcaban su confianza y su fe en un Dios piadoso, compasivo y que atiende a los menesterosos.

Amadas hermanas, cuan grande es el amor de Dios que aun en nuestra bajeza se acuerda de nosotras, y teniendo en cuenta que somos polvo derrama Su gracia sobre nuestras vidas; Su gracia restauradora y vivificante que nos restaura. En sus manos estamos seguras y no hay lugar más reconfortante. A pesar de que en ocasiones la desesperanza nos arropa, El nos levanta. Si nos alzamos, El como el más experimentado cazador está a nuestro cuidado y nos caza. Nos caza porque le pertenecemos, porque somos suyas.

Oración: Padre gracias por enviar a Tu hijo Cristo a pagar el precio de nuestras rebeliones.  Gracias Señor porque nos amas con amor eterno.  Perdónanos por cada una de las veces que olvidamos que estás al mando y que Eres bueno. Nuestros corazones se postran ante Tí y Te alaban.  Gracias por lo que has hecho, por lo que estás haciendo y por la maravillosa obra que sabemos harás en la vida de cada una de Tus hijas. En Cristo Te bendecimos, amén y amén.

Alabanza: No hay lugar más alto, Christine D’Clario – https://www.youtube.com/watch?v=SQhXZo_YHdg

Belinda Castellanos para Maestras del Bien – ©2017 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org