“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”.  (Génesis 2:15)

Mientras Adán estaba ocupado en su trabajo, labrando y dándole mantenimiento al huerto como Dios le había dicho, Satanás ni para allí miró pues Adán tenía todo en orden y bajo control. Pero todo cambió cuando se casó. Adán descuidó su responsabilidad y no siguió las instrucciones de Dios. El no estaba donde debía estar, ni haciendo lo que debía hacer, y Satanás se aprovechó de la situación. Esto nos enseña que Satanás está constantemente al asecho de los matrimonios y el hogar para aprovechar cualquier oportunidad que le demos para entrar y crear un caos.

Adán falló gravemente al descuidar a su esposa, desechar el consejo de Dios, y no velar y ejercer la autoridad espiritual en su hogar. De la misma manera fallan todos los hombres que no asisten a la iglesia, sino que como Adán le dejan el liderazgo espiritual del hogar a su esposa. No porque la mujer sea menos valiosa, capaz o espiritual, sino simplemente porque está violando el orden, el mandato y la autoridad prescrita por Dios para el matrimonio y la familia (1 Cor 11:3).

La mujer debe ser la primera interesada en tener un esposo cristiano y espiritual. No se trata de tener un teólogo en casa, sino de tener a un hombre temeroso de Dios, y que conozca y asuma su responsabilidad y liderazgo espiritual en la familia. Su sujeción a los mandatos de Dios le garantiza su respaldo y protección de los dardos del enemigo al conducir a su familia. Más sin embargo, la vacante espiritual que el hombre deja en su matrimonio, es el asiento mismo desde el cual Satanás reina con toda autoridad. El hombre que no se ocupa espiritualmente de su familia es como el guarda que abandona su posta dejándole la puerta abierta de par en par al enemigo.

Amada, el hombre que honra y sirve a Dios es la mejor garantía para tí de un matrimonio estable y duradero. Procura en cuanto esté de tu parte no usurpar su lugar sino apoyarlo para que lo haga con gozo y ánimo pronto.

Oración: Padre perdóname por restarle importancia y no tomar en cuenta, la condición espiritual de mi esposo. Perdóname también por ser una piedra de tropiezo en su vida espiritual. Acataré el orden del hogar que Tú diseñaste. Ruego que mi esposo asuma su lugar y ejerza su autoridad espiritual. Prometo apoyarlo así sea quitándome del medio para que él te obedezca. En Cristo Jesús, amén.

Alabanza: Buen, Buen Padre, Kairos – https://www.youtube.com/watch?v=C6jT_iRFWm8

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