No te escondas de mí; no rechaces, en tu enojo, a este siervo tuyo, porque tú has sido mi ayuda. No me desampares ni me abandones, Dios de mi salvación. Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en sus brazos”. (Salmo 27)

Ha sido tu vida la mejor frente a los ojos del resto, en medio de la muchedumbre, en medio de la opulencia y de los triunfos, pero te sigues sintiendo sola y triste?

O quizás ha sido dura, difícil, con pocas amigas, escasos recursos, cero triunfos, sin haber logrado nada que valga la pena ser reconocido, y con una sensación de abandono y soledad que te acompaña todas las noches?

El sentirse abandonada, desamparada, o sola, es de las peores sensaciones que podemos sentir. Esto produce una tristeza profunda en nuestro interior que no se puede explicar. Es posible aun, estar rodeadas de numerosas personas e igual sentirnos solas, no escuchadas, ignoradas y abandonadas.

El salmista se sintió así en alguna ocasión y expuso su temor ante esta sensación. El gritó desde lo más profundo de su ser el deseo de no ser ignorado por Dios: “No te escondas de mi. No me rechaces. No me abandones. No me desampares”. Este es el grito de un ser compungido y un alma en soledad.

Luego de esta exclamación desesperada, puedo imaginarme al salmista sintiendo una profunda paz. La paz que brinda la presencia de Dios y que lo impulsa a escribir: “Aunque los seres más importantes para mi en esta tierra me abandonen, puedo estar confiado de que tu Jehova siempre estarás ahí” (Salmo 27:10).

Los amorosos brazos de Dios están siempre abiertos para recibirte, para escucharte, y para amarte.

Oración: Gracias Padre porque así como el grito desesperado del salmista le trajo tu Paz, sé que el mío tambien lo traerá. Clamo a tí en esta hora. Socórreme Señor. No te tardes. Dame tu paz. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Paz en la Tormenta, RCarías – https://www.youtube.com/watch?v=dG7Mr6XFX3

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