“Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”.  (1 Samuel 17:44-45)

Los siervos de Dios tuvieron grandes luchas y enfrentaron graves problemas. Noé ante las fuerzas de la naturaleza en el diluvio, Moisés ante la obstinación, la maldad y el poder de faraón, Josué frente a los gigantes y las murallas en Jericó, Daniel ante Nabucodonosor y el foso de los leones, David frente a Goliat y Saúl, Jesús frente al sanedrín, los romanos y la cruz. Ciertamente en sus fuerzas naturales eran situaciones imposibles de vencer.

Más cuando cada uno de ellos se enfrentó a su problema tuvieron dos opciones…

  1. Sumirse en el temor, escuchando la voz derrotista del enemigo: “daré tu carne a las aves del cielo, has fracasado, no puedes con esto, ellos son muy poderosos, no vales nada, nadie te ama” y cosas por el estilo.
  2. Armarse de valor, actuando en fe: “yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos“, siguiendo la voz de Dios: “eres más que vencedora, todo lo puedes en Cristo, eres mi hija amada, yo te ayudaré, yo te sostendré con mi mano derecha,..

Cuando escuches: “no hay esperanza para tí, estás despedida, tienes meses de vida, ya no te amo, no se puede” o cosas similares, recuerda que donde termina la voz del hombre empieza la voz de nuestro amante Salvador que te dice: “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” (Mt 19:26).temor

Amada, tú escoges. No entretengas las voces que alimentan tus dudas y provocan tu temor. Cuando tu voz interior, la voz del enemigo o la voz del mundo te atormenten, trae a tu mente las promesas de Dios, las cuales te brindarán paz, esperanza, seguridad y consolación. El es fiel y ha prometido: “.., he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mt 28:20).

Oración: Padre gracias porque Tú renuevas mi esperanza y devuelves el gozo de mi salvación. Gracias porque no hay nada que no puedas hacer, ni que me separe de tu amor. Me propongo escuchar Tu voz a través de las Escrituras y atesorarlas en mi corazón. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Himno de Victoria, DBerrios – https://www.youtube.com/watch?v=pnIVMlKnA0o

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