“Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi” (Éxodo 17:15).

Los enemigos combatían contra el pueblo de Dios. Era un ejército fuerte, pero al final del día, Amalec había sido desecho por la acción poderosa de Dios. Un altar de reconocimiento y gratitud se levanta en el lugar de la victoria, dándole el nombre Jehová-nisi, Jehová mi bandera.

Dios es bandera sobre mí. Es una bandera de amor (Cnt 2:4). Toda su relación conmigo está rodeada e impregnada en amor. Mostró su amor salvándome. Irrumpió con su gracia en el mundo, enviando a su Hijo para hacer la obra de redención, en un acto de amor, ya que “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro 5:8). No sólo mostró su amor en la Cruz, sino que lo hizo buscándome en mi condición perdida. Me encontró y me recibió para perdonar todos mis pecados y adoptarme para ser miembro de Su familia, como hijo suyo (Gá 4:4). Levanto mis ojos y veo ondear sobre mí la bandera de su amor.

Esa bandera está también cerca de mí: “ha dado a los que le temen bandera que alcen por causa de la verdad” (Sal 60:4). Es una bandera próxima. El compromiso del Señor es seguro:“Estoy con vosotros todos los días” (Mt 28:20b). Su poder está comprometido en la bandera que Él levanta. No hay dificultad, ni prueba, ni aflicción, ni conflicto que no pueda resolver Su poder. En cualquier tiempo y en cualquier circunstancia puedo decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Ef 4:13). Su compromiso es el de llevarme “siempre en triunfo” (2 Co 2:14). Unido al Vencedor estoy siempre en un terreno de victoria. En un mundo lleno de inquietudes descanso confiadamente en el Señor,  mientras digo: “En Dios he confiando, no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre?” (Sal 56:11).

La bandera de Dios es una bandera de paz. Es el regalo de Jesús: “mi paz os doy” (Jn 14:27). Mientras el mundo lucha, yo confío. Dios está a mi lado y descanso en Su paz. No hay sombras en mi camino. En mi interior el alma descansa tranquila. Esta es su promesa: “En quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Is 30:18). Dios se hace también bandera de esperanza delante de mí. En un mundo sin

rumbo puedo disfrutar de la segura esperanza de Dios en mi vida. Los conflictos sociales, las crisis económicas, el humanismo desbordante, las guerras entre naciones, producen continua inquietud y debilitan cada vez más toda ilusión. Pero “Cristo es en nosotros esperanza de gloria” (Col 1:27). Escucho la promesa del Señor: “Voy a preparar lugar para vosotros… y os tomaré a mí mismo para que donde yo estoy vosotros estéis conmigo” (Jn 14:1-4). Las aflicciones del tiempo presente son un tránsito a la gloria eterna, produciendo “un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co 4:17).

Estoy en medio del conflicto pero Dios se hace bandera para mí. Es la bandera de la bendición y de la provisión que hoy necesito. Me puso nombre, soy suyo. Nadie me podrá separar de Él. “Cercano está de mí el que me salva; ¿quién contenderá conmigo?”.

Oración: Sí, Señor amado, tu eres mi bandera, de bendición. Déjame levantar un altar de gratitud y llamarlo de este modo: Jehová es mi bandera. Por Jesús, amén.

Alabanza: Tu Bandera, JARomerohttps://www.youtube.com/watch?v=l8wZin-Sleg

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2017  –www.Maestrasdelbien.org