“A Benjamín dijo: El amado de Jehová habitará confiando cerca de Él; lo cubrirá siempre, y entre sus hombros morará” (Deuteronomio 33:12).

Una promesa para el más pequeño. Benjamín era una tribu que no podía compararse en extensión con Judá, que estaba a su lado. El tamaño suyo era mucho menor, pero la promesa para él es incomparable. Es el más joven de los hermanos. No tiene derechos como el mayor, pero lo tiene todo, porque Dios le bendice. Su nombre significa “el hijo de mi diestra” y de esa manera es tratado. La derecha es el lugar del honor y del poder. Cuando Dios está a mi diestra no seré conmovido, pero más glorioso es saber que Él me ha puesto en esa posición, porque estoy en Cristo. ¿Acaso puedo tomar para mí esta promesa de Dios? ¿No está dirigida a Benjamín? ¿Cómo, pues, podré apropiármela, si es de él? Puedo y debo porque está dirigida para “el amado de Jehová”. Eso soy yo. Dios me amó eternamente, sin mérito alguno, por pura gracia, y en ese amor dio a Su hijo para hacerme a mí, antes enemigo, hijo Suyo. Esta promesa contiene una bendición triple.

Primeramente “habitará confiado cerca de Él”. Ninguna otra seguridad puede compararse con esta. Nada hay semejante a estar cerca del Señor. Ningún sitio más firme, ninguna base más estable que ésta. Estoy a Su lado y siento que soy realmente amado por Él, porque de otro modo no me tendría a Su lado. Me asombra pensar que el eterno e infinito Dios, quiera tenerme junto a Él. Ahí puedo descansar sobre Su costado herido, y sentir que me amó hasta la muerte y muerte de Cruz. Las aflicciones de la vida pareciera que podrían destruirme, los malos tratarán de acabar conmigo, pero ¿quién podrá tocarme si estoy cerca de Él? Nada podrá romper mi confianza. Agotado tal vez, acaso inquieto, y siempre sintiendo mi pequeñez, tomo para mí esta bendición y recupero la calma porque estoy confiado cerca de Él.

Además, sigue otra parte de la promesa: “lo cubrirá siempre”. ¡Que protección tan firme! No es una cubierta segura, o la actuación de un poderoso ángel. Dios mismo me cubre. Es más, me rodea por todas partes; Él “acampa en derredor de los que le temen y los defiende” (Sal 34:7). El enemigo lanzará sus flechas, pero ni una sola podrá alcanzarme, porque Él me cubre siempre. Continuamente estaré bajo esta protección. ¡Bendita seguridad! “¿Qué, pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Ro 8:31).

Todavía tengo otra bendición: “entre sus hombros morará”. De dos formas puedo entenderlo. Figuradamente la carga se sustenta sobre los hombros, de modo que donde esté mi carga, allí estará el Señor. Su promesa sobrepasa cualquier expectativa, superaré cualquier problema, pasaré sobre cualquier adversidad “porque Él da mayor gracia” (Stg 4:6). Pero, además, moraré entre sus hombros quiere decir que cuando la angustia sea grande, cuando ya mis fuerzas debilitadas no me sirvan para avanzar, Él me toma sobre sus hombros, llevándome a mí para que yo pueda llevar mi carga.

Oración: Ven, alma mía, cálmate y descansa. Que en este día sienta que estoy cerca de Dios, que me rodea con Su gracia y me sostiene con Su fuerza. Por Cristo Jesús, amén.

Alabanza: Cerca De Tí, JARomero – https://www.youtube.com/watch?v=FROV4wrhURs

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2017  –www.Maestrasdelbien.org